Las razones de una diferencia (1): El trabajo
Carlos III señalaba que ningún trabajo honrado era deshonroso. El intento del monarca ilustrado era excelente, pero chocaba con una mentalidad arraigada a lo largo de siglos. No es que los españoles fueran vagos pero no creían que el trabajo tuviera el mismo valor que le dan aquellos que nacieron y crecieron en naciones donde triunfó la Reforma protestante. De sus hermanos hispanoamericanos podría decirse lo mismo. Esa mentalidad sigue más que presente a día de hoy. En otras palabras, quizá el bosquimano que, por primera vez, utilizó un encendedor pueda ser considerado por sus congéneres como un avanzado, pero, en relación con Occidente, es dudoso que se le pueda calificar de esa manera. Los pobres nórdicos no aciertan, por lo visto, a darse cuenta de que, a diferencia de ellos, España y su imperio americano nunca asimilaron lo que Weber denominó la “ética protestante del trabajo”. En eso, España e Hispanoamérica fueron y siguen siendo diferentes.

