Irán, un peligroso aliado

Un país que viola de forma sistemática y permanentemente los derechos de sus ciudadanos no puede ser un buen aliado. Teherán tiene instrumentada una política de cero tolerancias contra quienes difieren del pensamiento oficial, además de reprimir brutalmente a quienes tienen una conducta social que las autoridades consideran contrarias a sus valores. Una de las características esenciales de los ayatola es su afición a la violencia. Cierto que la primera víctima de esta practica es su propio pueblo, pero también la extienden a cualquier rincón del mundo que pueda serle conveniente. Gobiernos como los de Irán, Cuba y Venezuela solo son capaces de exportar opresión y enseñar a los verdugos de turnos a como ser más eficientes con la guillotina.

La familia liberal: amigos y enemigos

Sin embargo, y aquí radica el núcleo de estas reflexiones, hay miles de chilenos destruyendo metódicamente las expresiones materiales de la formidable transformación chilena. ¿Por qué sucede este fenómeno absurdo de autofagia? ¿Por qué miles de jóvenes chilenos atentan contra su propio bienestar? Las diferencias fundamentales e insalvables, son las que se tienen con los autoritarios, ya sean francamente totalitarios, como los comunistas y fascistas, o lo que hoy se denominan “democracias iliberales”. Estos grupos iliberales pueden llegar al poder mediante elecciones, pero su carga ideológica tiene muy poco que ver con los valores y principios que anidan en la familia liberal. Suelen ser nacionalistas, anti-inmigrantes y, por ende, contrarios al libre comercio y a la globalización, aspectos básicos de la familia de la democracia liberal. No es conveniente, pues, hacer pactos de gobierno con los comunistas. Hay que entender que los comunistas y fascistas no coinciden ni remotamente con la visión compartida por las distintas ramas de la democracia liberal. A ellos la coyuntura política les exige jugar a la democracia, pero sin la menor convicción. Convengamos, al menos, que no es inteligente dormir con el enemigo. Lo que resulta totalmente absurdo es tratarlos como si fueran aliados, y no como lo que realmente son: enemigos de la ley y del orden. Si no lo entendemos estamos condenados a desaparecer y a enfrentarnos a la pobreza, la cárcel, la muerte o el exilio. Así de sencillo.