DURA LEX SED LEX
Pudiéramos preguntarnos si la fe, entendida como la certeza de lo que se anhela, y la esperanza, o sea, la confianza en que ocurrirá aquello que deseamos, van unidas, en ese mundo complejo que es el alma. Pero, asimismo, cuál de ellas iría primero. Ese es el tema de una conversación entre dos venezolanos exiliados, dado el cataclismo generado durante las últimas casi dos docenas de largos años. “Dura lex, sed lex” “la fe y la esperanza se han unido, para salir de la penuria a la que nos tienen sometidos”. “Dios no olvida”. Esa pareciera la situación de una Venezuela destruida. Para castigar a los causantes y restablecerse como república ha de acudir a “Dura Lex, Sed Lex” y aplicarla en todo su rigor. Las probables injusticias, de haberlas, serían nimias, al comparárseles con los crímenes.

