El primer ministro de Israel viajó a Moscú y se reunió por tres horas con Vladimir Putin. Después habló con Zelensky y se dirigió a Berlín para informar a su homólogo alemán. Neftalí Bennett viajó en el shabat judío, a pesar de ser quizás el primer jefe de gobierno de Israel totalmente observante, y la razón tiene que ver con la aceptación de la violación del precepto, cuando el objetivo es salvar vidas.
La mediación había sido solicitada por Ucrania al segundo día de la invasión. Pero ¿por qué le fue solicitada esta gestión?
La petición del presidente ucraniano no era por su judaísmo, sino porqué Israel y Rusia, a pesar de haber estado en bandos opuestos, habían desarrollado una política de acercamiento y muy racional en Siria. Así Israel había comprendido las razones rusas y Moscú había respondido aceptando los ataques militares a la presencia iraní en ese territorio y su traspaso de armas a grupos como Hamas y Hez bolá. Esa racionalidad se expresó en que nunca se enfrentaron ambos países, y en una muy buena relación personal, incluyendo frecuentes visitas de Netanyahu a Putin.
Aunque este hecho se presentaba como ejemplo que Putin comprendía las necesidades estratégicas de otros países y se podía negociar con él, tampoco era una política para siempre. Así, poco antes de movilizar sus tropas hacia Ucrania, Rusia había utilizado por rara vez radares de última generación para alertar de aviones israelíes, y todo parece indicar que Bennett lo arregló directamente con el mandamás del Kremlin.
Lo anterior sirve para explicar porque Israel ha tomado con cuidado lo que está ocurriendo en Ucrania, quiere aprovechar su posición para mediar, y aunque rechaza la invasión, no se ha unido a la condena tajante y sin matices hacia Rusia, Putin y ciudadanos rusos en general. La razón no es solo la cantidad de israelíes que tienen un origen ruso o soviético (también ucranianos), sino que desea mantener el actual nivel de las relaciones con Moscú, al considerarlo un actor relevante en la zona, e importante para limitar la presencia iraní en Siria. Por su parte, quizás Rusia tuvo en mente lo dicho, y quiere transmitir el mensaje que esta actitud le acomoda más que la actual posición de países como Francia y Alemania, que hasta hace poco cumplían roles semejantes hacia Estados Unidos.
Mas aún, al momento de escribir estas líneas, Israel no ha hecho llegar directamente armas a Ucrania, y las que han aparecido, han sido aquellas vendidas a países como Alemania o los Países Bajos y entregadas por ellos, desde sus arsenales.
Israel parecía expresar que entendía complejidades históricas que a veces recordaban las del medio oriente, que había escuchado a Putin decir que esperaba una negociación pendiente desde fines de los 80s y su argumento de la deuda con Rusia como sucesora de la ex Unión Soviética. Algo similar a lo que decía Gorbachov acerca de promesas que no se le cumplieron, lo que ha sido desmentido por Washington.
En todo caso, no hay duda de que Putin cometió el peor error de su vida, ya que, aunque gane va a perder por el total cambio de imagen que ha sufrido. La invasión violó claramente el derecho internacional (no es muy distinto a lo que hizo Saddam con Kuwait), además de mentir al respecto. Por último, ha perdido la batalla de narrativas, lo que incluye la aparición de un líder que alcanzó con rapidez notoriedad internacional y gran apoyo interno, como es el caso de Volodomir Zelensky.
Probablemente, se preparaba la acción militar desde el año 2014 y la deposición del entonces presidente cercano a Rusia Viktor Yanukóvic, pero la reacción debe haber superado lo que Moscú anticipaba.
Quizás no esperaba que el rechazo fuera a todo nivel, no solo entre gobiernos, sino que también de abajo hacia arriba, condena que incluyó a redes sociales, medios de comunicación y variadas ONGs de derechos humanos. Tampoco, el inicio de una investigación en la Corte Penal Internacional. Mas aún, quizás nunca planificó que su error iba a generar un renacimiento tanto de la Unión Europea como de la OTAN. Hasta la FIFA se había unido al boicot.
No son hechos menores que Suiza haya renunciado a una neutralidad que supera el bicentenario. Tampoco que Alemania haya puesto fin a una actitud pacifista cuyo origen era la derrota en la Segunda Guerra Mundial.
Y sin duda lo más inesperado, que en Europa y Estados Unidos apareciera una actitud de funa y cancelación a todo lo que parezca ruso. Román Abramóvich, también ciudadano israelí, se ha visto obligado a poner a la venta el club Chelsea, pero no solo se dirige a oligarcas, sino también- y he ahí la novedad – a deportistas, músicos como el director de la Filarmónica de Munich, y un largo etcétera. Quizás Injusto con simples ciudadanos que pueden ser inocentes, pero también se han retirado muchas empresas, por lo que lo económico va mucho más allá del Swift bancario.
En su magnitud es algo nuevo, que supera lo conocido en los países del mundo desarrollado. Creo, además, que llegó para quedarse, y se puede transformar en la nueva normalidad para conflictos, novedosos o antiguos. Ha quedado legitimado que se dirige no solo a gobiernos sino a países.
¿Y que tiene que ver Israel? Creo que mucho, y me temo que, en una nueva versión de la guerra con Hamas, Hez bolá o Irán, puede ser Israel el objeto de este tipo de boicot y fuerzas antagónicas no militares. En abono de este temor está lo que ocurrió en las calles de Estados Unidos, Canadá y Europa durante el último conflicto en Gaza y la terrible reaparición del antisemitismo a todo nivel, incluyendo la agresión en las calles.
¿Cuál es el riesgo para Israel?
No toda mediación termina en un Premio Nobel de la Paz, siendo más bien una excepción. Por otra parte, el riesgo para Israel es que la legitimación que ha alcanzado el boicot a Rusia y sus ciudadanos puede volverse en contra de Israel, si -como es probable- sale mal y no tiene éxito. De hecho, desde hace días se escuchan voces que piden en redes sociales algo similar al boicot rusa, pero contra Israel.
Desde su creación Israel lo ha sufrido con países musulmanes y organizaciones internacionales, pero ahora se ha ingresado a territorio desconocido, ya que la novedad es lo que está pasando desde hace algún tiempo, y en forma creciente en universidades, medios de comunicación, movimientos políticos y de derechos humanos en Estados Unidos y Europa Occidental, e Israel ha sido ineficiente para anticiparse y ha reaccionado con tardanza.
Ojalá no ocurra, pero la única recomendación es estar preparado.
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».







