Biden y los talibanes.

Si se reserva un aeropuerto en Cuba, Venezuela, Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador o México, protegido por los marines, y se coloca en ellos aviones gigantes cuyo destino final sea Estados Unidos, seguramente habría millones de pasajeros que se embarcarían en la aventura de emigrar a vivir fuera de su cultura o, como dice Willy Chirinos en una inolvidable canción, “fuera de su idioma”.

Political prisoners of castrochavism can no longer be “invisible”.

The judicialization of political persecution is a crime, a real criminal undertaking, that includes material falsification or counterfeiting, false accusations, a criminal conspiracy, crimes against public trust, prevarication, arbitrary arrests, torture, and more. All of these crimes institutionalized under the purview and power of the State and backed by “despicable laws” (that violate human rights). This is a “crime against humanity” and “State-sponsored terrorism”.

Nunca debimos ir a Afganistán (ii)

En 2021, finalmente, el presidente Biden anunció la retirada definitiva de Afganistán y, de manera inevitable, ha quedado de manifiesto la derrota de Estados Unidos en la guerra más prolongada de su Historia. El coste de ese fracaso no ha sido pequeño. De hecho, la victoria de los taliban en la guerra de Afganistán ha ido unida a cifras de pérdidas humanas nada desdeñables que superan en su conjunto las ciento treinta mil muertes.