Partió Abel, queda Caín.
Escribo esto en relación a la partida del hermano del presidio político Abel Nieves Morales, un hombre frugal, austero, que cumplió 21 años de presidio. Abelito, como le decían cariñosamente, fue un guerrillero toda su vida. Un rebelde con causa, un defensor incansable por reinstaurar en Cuba la libertad ciudadana y la democracia. Su mayor interés, radicaba en rendirle tributo a los mártires de este proceso libertario. Su oposición a la dictadura fue instantánea. Fue testigo clandestino de los infames fusilamientos que ordenaba Ernesto Guevara en la fortaleza de La Cabaña. La prisión lo forjo todavía más. Fortaleció su conciencia cívica. Abel Nieves escogió su destino. Decidió enfrentar la dictadura a tiempo completo, esa fue su manera de vivir y hasta el día de su muerte fue un misionero del compromiso por una Cuba Libre.

