[fusion_builder_container type=”flex” hundred_percent=”no” equal_height_columns=”no” menu_anchor=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” background_image=”” background_position=”center center” background_repeat=”no-repeat” fade=”no” background_parallax=”none” parallax_speed=”0.3″ video_mp4=”” video_webm=”” video_ogv=”” video_url=”” video_aspect_ratio=”16:9″ video_loop=”yes” video_mute=”yes” overlay_color=”” video_preview_image=”” border_color=”” border_style=”solid” padding_top=”” padding_bottom=”” padding_left=”” padding_right=””][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ layout=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_color=”” border_style=”solid” border_position=”all” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding_top=”” padding_right=”” padding_bottom=”” padding_left=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” center_content=”no” last=”true” min_height=”” hover_type=”none” link=”” border_sizes_top=”” border_sizes_bottom=”” border_sizes_left=”” border_sizes_right=”” first=”true”][fusion_text]
En una perspectiva histórica, lo de China no es novedad, ya que pareciera repetir paso a paso lo que hizo Gran Bretaña a sus rivales en el siglo XIX y la forma como fue desplazada del sitial por Estados Unidos en el XX. Por lo demás, en su milenaria existencia, China ha sido por más tiempo más poderosa que sus rivales, incluyendo los occidentales.
Es necesario mencionar un libro publicado en 1987, y que debiera ser lectura obligada en nuestros días. Se trata de Auge y Caída de las Grandes Potencias del profesor Paul Kennedy (1), historiador que revisa los últimos cinco siglos y cuya tesis dice que las potencias proyectan su poder según sus recursos, hasta que se modifica el escenario y el alto costo de mantener su supremacía precipita la decadencia. Entre los casos mencionados, figura el caso de España, que al llegar a América era ya una potencia de su época.
Todos somos testigos que en el siglo XXI China avanza y para algunos, el tema parece ser cuanto se demorará en alcanzar a Estados Unidos, y si ello necesitará años o décadas. Sin embargo, más allá de este lugar común, los indicadores parecen ser todavía saludables para USA.
Nombraremos algunos indicadores, sin que el orden en que aparecen defina su importancia y con las restricciones de espacio de esta columna.
En primer lugar, algo en que Estados Unidos parece no tener rival: la atracción de su sociedad hacia el resto del mundo como lo demuestra la cantidad de inmigrantes que buscan acercarse, legal o ilegalmente al “sueño americano”.
Es también el caso de su economía, pujante y creativa, con la capacidad de tener al dólar, la moneda internacional de reserva y la confianza que todavía dan sus mercados financieros.
Después, el ya mencionado factor militar, a modo de ejemplo, desde armas livianas hasta atómicas, por cierto, también submarinos y portaaviones.
En cuarto lugar, uno de los factores más decisivos que marcan la diferencia en el siglo XXI, la Ciencia y la Tecnología, donde la ventaja de Estados Unidos sigue siendo demoledora, por ejemplo, en la cantidad de publicaciones y patentes que tienen allí origen. Se manifiesta también en sus universidades, que siguen siendo las mejores del mundo.
Pero decir que es la primera potencia económica, financiera y militar no la diferenciaría en nada de sus predecesores. Hay, sin embargo, algo que distingue a Estados Unidos de otras potencias y aún de imperios, y cuya importancia se le escapó en su magnitud al libro de Kennedy.
Al habitual poder duro, USA agrega una faceta particular de la influencia y el poder blando, ya que ninguna otra potencia dispuso de la cultura popular que siempre la ha caracterizado. Sus series de televisión, cine, producciones musicales, libros muy variados, desde novelas de ficción hasta la divulgación científica.
Más aún, Estados Unidos le ha exportado al mundo hábitos tan cotidianos como la comida rápida, deportes y el vestuario de los jóvenes. Hasta para protestar contra Estados Unidos se usan símbolos de su cultura popular.
En otras palabras, para modificar otras culturas, Hollywood ha sido más eficiente que las guerras, y ese poder es históricamente novedoso y muy relevante.
Por último, aunque podría ocupar el primer lugar del listado, está el idioma inglés donde Estados Unidos siguió la senda del imperio británico, y que hoy es el equivalente al latín romano, el vehículo para negocios, ciencia, entretención, turismo y también para comunicación de persona a persona, lo que incluye a chinos, japoneses y alemanes.
Quizás el ejemplo del internet es valioso, en el sentido que cuando se masificó en los 90s, muchos pensaron que iba a beneficiar al entonces pujante Japón, cuando en realidad se convirtió en un vehículo para el despliegue de la innovación y eficiencia de USA mientras que Japón se estancaba, lo que aún dura décadas después.
China no parece competirle todavía al poder blando de Estados Unidos, ya que carece de una cultura popular a ser exportada como tampoco lo es su modelo de sociedad. No son conocidas a nivel mundial sus figuras del espectáculo o del cine, y no hay equivalente a Disney. Tampoco hay atracción masiva de sus universidades o presión de inmigrantes. No se ahorra en su moneda, y su sistema no inspira la confianza y buena voluntad, que todavía están depositadas en Estados Unidos.
¿Cuál es el problema de Estados Unidos? ¿Porqué parece estar dormida entonces?
La respuesta no parece encontrarse en el resto del mundo, sino que a su interior. Está demasiado dividido el país, demasiado polarizado, donde además parte de su élite parece haber perdido la confianza en la superioridad ética y moral de su modelo.
Ello lleva a que no parezca existir hoy la voluntad que tuvo frente a la extinta Unión Soviética, incluyendo unidad de propósitos y el deseo de liderar a quienes tienen los mismos valores en otros países.
Quizás necesita una misión, la que podría venir en una política exterior bipartidista y unitaria, en torno a una nueva arquitectura internacional que reemplace al obsoleto sistema actual de organizaciones internacionales, con lo que USA estaría haciendo lo mismo que ya hizo en el siglo pasado.
Además, hoy no se ve otro país capaz de llevar a cabo esta tarea.
(1) Paul Kennedy, The Rise and Fall of the Great Powers, Random House, 1987
(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona); Ph.D. en Ciencia Política (Government, University of Essex); candidato presidencial (Chile, 2013)
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».
[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]





