Quiñones Haces, periodismo libre, hombre libre.

Una de las primeras metas de totalitarismo dinástico cubano fue establecer un control estricto sobre la prensa a través de la confiscación de los medios y  la intimidación a los periodistas. Fue una penosa realidad que trabajadores de los medios, periodista y demás, se convirtieron en  cómplices del nuevo régimen en la  instrumentación de una estrategia de intimidación. Las dictaduras, ideológicas y no,  están conscientes que los periodistas comprometidos con sus deberes y derechos son una amenaza innegable a su sobrevivencia. La prensa escrita fue acosada, vilipendiada  y sometida. La prensa independiente también se mudó a presidio. Y  aunque siguieron cruentas décadas  de represión, cárcel y paredones, la prensa libre no fue sepultada, al extremo que el pasado  9 de agosto otro hombre libre, el periodista independiente y abogado, Roberto Jesús Quiñones Haces, fue condenado a prisión por informar y difundir la verdad, lo que ha motivado numerosas reacciones internacionales.

La globalización contra la corrupción

Luchar contra la globalización no sólo es contraproducente: es inútil. Luchar contra la corrupción es, además, inútil. La tendencia, pues, impuesta por la globalización, es favorable. Ya no hay glamour en la corrupción. La corrupción hace mucho daño. Genera una creciente atmósfera de cinismo. Desmiente el principio de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, lo que es fatal para la democracia. Entorpece la competencia. Desalienta el esfuerzo personal. Es importante poner trabas legales a la corrupción. Es necesario crear barreras entre corruptores y corrompidos. No hay por qué impedir que los lobbies existan, pero deben exhibir sus ventajas comparativas por medio de Internet y no en oscuras reuniones con quienes pueden utilizar sus servicios o productos.