La globalización contra la corrupción
Luchar contra la globalización no sólo es contraproducente: es inútil. Luchar contra la corrupción es, además, inútil. La tendencia, pues, impuesta por la globalización, es favorable. Ya no hay glamour en la corrupción. La corrupción hace mucho daño. Genera una creciente atmósfera de cinismo. Desmiente el principio de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, lo que es fatal para la democracia. Entorpece la competencia. Desalienta el esfuerzo personal. Es importante poner trabas legales a la corrupción. Es necesario crear barreras entre corruptores y corrompidos. No hay por qué impedir que los lobbies existan, pero deben exhibir sus ventajas comparativas por medio de Internet y no en oscuras reuniones con quienes pueden utilizar sus servicios o productos.

