Cuba, huelgas y marcha de Girasoles.

Mientras hay sujetos que se prestan a  conculcar los derechos de sus pares, hay ciudadanos que arriesgan su libertad, y hasta la vida, para defender los derechos de todos, aun, siendo conscientes,  de que tal vez solo recibirán agravios. Es una penosa verdad, hasta vergonzante, que en toda sociedad haya un número importante de sujetos que se prestan a servir de verdugos. En Cuba, es importante reiterarlo, la oposición ha recurrido a diversas estrategias de lucha. La política y  armada, otras variantes han sido la defensa de los derechos humanos y la acción cívica, como esos hombres y mujeres que recientemente organizaron la «Marcha de los Girasoles» y la huelga de hambre, como actualmente Guillermo del Sol Pérez, un periodista independiente, con problemas de salud, diabético e hipertenso que tiene sus documentos de viaje actualizado y la dictadura le niega el derecho a viajar. En consecuencia, personalidades y organizaciones, al interior de la Isla, están desarrollando una cruzada para que los organismos internacionales, incluida Naciones Unidas, se pronuncien contra las constantes y arbitrarias prohibiciones de salida a los activistas, demandando una acción urgente a favor del cese de una práctica que pone en peligro la vida de los ciudadanos.  

El mundo cambia de piel

La opción es sencilla: o existe un gobierno presidido y dirigido por seres humanos omnipotentes, o, en cambio, se siguen reglas universales administradas por un Poder Judicial independiente. Nos enriquecemos o empobrecemos en un sistema económico regido por el favoritismo, en el que un poder central decide los ganadores y perdedores, u optamos, contrario sensu, por un mercado abierto y libre, en el que la oferta y la demanda ciegas determinan quiénes se enriquecen y quiénes se empobrecen sin tener en cuenta las relaciones personales. Douglass North, un brillante Premio Nobel de Economía norteamericano, describió los dos modelos de comportamiento que ha conocido la humanidad: «sociedades de acceso limitado» y «sociedades de acceso abierto». Las de «acceso limitado» pronto establecieron un reparto de beneficios que llega hasta nuestros días y consiste en repartirse las rentas entre los mandamases y los cortesanos. La primera sociedad de «acceso abierto» fue la república estadounidense comenzada en 1776. El ejemplo de Estados Unidos fue seguido, abandonado y luego retomado por Francia, Holanda, Inglaterra, Bélgica, Alemania y así hasta 27 países de la Unión Europea. Así mismo, casi toda América Latina imita y rechaza simultáneamente el modelo americano de «acceso abierto», pero la persecución a la corrupción y al delito internacional presagian un momento en el que ese bloque de países acepten como inevitable conducir algunos asuntos públicos a la manera de Estados Unidos. Por ahí van los tiros.