Apóstol de la violencia
Es difícil entender cómo en un período histórico en el que la violencia es repudiada, existan “pacifistas” que elaboren apologías de Ernesto Guevara, un individuo que independientemente de doctrinas e ideologías fue uno de los teóricos más consecuentes que tuvo la violencia en una de las etapas más convulsas del siglo XX. “El Coreano”, uno de los que entrenó a los expedicionarios del Granma en México, refiere que era una persona aislada, poco sociable y muy cruel con los animales. Su conducta con los militares del antiguo régimen fue todavía más cruel. Procedió a ejecuciones sin procesos judiciales y sin garantías procesales. Guevara era vengativo, no olvidaba las ofensas pero sólo las cobraba cuando estaba seguro de ganarlas sin consecuencias. El individuo que algunos, por diferentes motivos, pretenden mostrar como un hombre de paz, fue uno de los artífices de colocar al mundo al borde la guerra nuclear cuando negoció con Nikita Jruschov la instalación de cohetes balísticos con capacidad nuclear en Cuba, voluntad de destrucción que ratificó cuando le dijo en La Habana a Sam Russel, “Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba, nosotros los habríamos usado contra el propio corazón de los Estados Unidos, incluyendo la ciudad de Nueva York”.

