La radicalización de Fidel Castro

A fines de los años cuarenta, cuando Fidel estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana, fue seducido por las tesis leninistas; recitaba de memoria páginas enteras de ¿Qué hacer?, el ensayo en el que el ruso describe la toma del poder». Incluso, el propio Fidel, llegó a decir que «era marxista-leninista y lo sería siempre». Su función era «entrar» en el Partido Ortodoxo, una formación socialdemócrata (y anticomunista), y radicalizarlo desde dentro. Fidel no se hizo antiyanqui por la mala conducta de Estados Unidos, pelear con sus vecinos gringos era su destino. Como en el cuento del alacrán: «era su carácter».

Castro chavismo, estirpe terrorista. 

Caracas y La Habana reprimen de manera sistemática a sus ciudadanos. Violan sus derechos y los obligan a vivir en precarias condiciones, resultado  del control que ejercen sobre el quehacer nacional. El terrorismo de Estado es una realidad tanto en Cuba como en Venezuela, sin embargo, no dejan de ser una amenaza desestabilizadora para sus vecinos. Los estados que practican el terrorismo contra sus pueblos deberían ser execrados por la comunidad internacional. Ambos regímenes se enorgullecen del apoyo que prestan a los grupos narcoterroristas colombianos del ELN y la disidencia de las FARC. El castrismo ha dado refugio a criminales de toda ralea, siempre y cuando tuvieran dinero para pagar su estancia o contrajeran compromisos que les favorecieran en alguna medida. La inclusión de Cuba y Venezuela en la lista de estados terroristas esta más que justificada por la conducta que ambos regímenes sostienen públicamente. Es tiempo que la justicia internacional actué contra los estados delincuentes.