USA y UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD INTERNACIONAL

La verdad es que no es un tema menor: este entramado internacional es una poderosa alternativa global al liderazgo de USA, que sigue siendo el único país con la capacidad de abordarlo, y por la mejor de las razones: sus propios intereses nacionales. En otras palabras, no hay otro país con la capacidad de impulsar el desarrollo de instituciones políticas y económicas globales, pero adaptadas a la realidad del siglo XXI, con menores sesgos y sin una burocracia que se ha auto otorgado una función reñida con la democracia, y con una estructura global basada en Estados nacionales desde hace siglos. Lo anterior, sea quien sea el electo en las próximas elecciones presidenciales, y si el Congreso tiene mayoría demócrata o republicana. Es además una posibilidad para que Estados Unidos recupere algo perdido: una política exterior bipartidista. Es también una oportunidad para mejorar las relaciones con sus rivales en lo militar (Rusia) y en lo económico (China, también crecientemente en lo tecnológico), quienes probablemente apoyarán algo así. Es un tema altamente relevante, con la capacidad de marcar no solo la política de USA, sino sobre todo las características del mundo globalizado que corresponde a la época histórica que nos ha tocado vivir.

Derechos económicos: una aldea Potemkin

En política y economía una aldea Potemkin significa una falsa construcción que se presenta para ocultar un desastroso estado real. Literal o figurativamente, es algo creado para engañar a las personas haciéndoles creer que una situación es mejor que lo que realmente es. Históricamente los derechos se veían como reclamaciones de individuos frente al Estado. Más recientemente, la noción de derechos se ha expandido para incluir beneficios demandados al Estado, como seguridad social y cuidados médicos. Por encomiable que parezca la idea, los derechos económicos, como el derecho a la vivienda, o al trabajo, o a alimentos, son contrarios a la libertad, porque requieren intervención gubernamental. “Los derechos económicos no son reclamaciones del individuo frente al Estado. Son reclamaciones al Estado, demandas por cosas a garantizar por el Estado al individuo. Como tales, garantizan la dependencia del individuo al Estado para las necesidades de la vida, y consiguientemente son instrumentos para garantizar el poder del Estado sobre el individuo”. La historia y la realidad enseñan que las sociedades que atesoran derechos políticos son también las sociedades que ofrecen las mejores posibilidades económicas y sociales para la ciudadanía. Lamentablemente, algunas sociedades, o elementos  sociales, embellecen a las organizaciones políticas que ofrecen asegurar el pan diario. Prefieren políticas que establecen objetivos de vida comunes, en vez de permitirnos enfrentar las pruebas, responsabilidades y riesgos de una vida libre. Esas sociedades rechazan la libertad que reconoce a cada individuo definir sus objetivos de vida. Engañan a las personas, haciéndoles creer que su situación es mejor que lo que realmente es, en su aldea Potemkin.