Por qué no soy un inmigrante
Mi propósito ahora es explorar las actitudes que diferencian inmigrantes económicos y exiliados políticos. Lo hago con la advertencia de que esa es una borrosa distinción cuando se aplica a quienes dejan países que ejercen control envolvente sobre ambos dominios, político y económico. Emigración económica y exilio político comparten muchas características, pero se diferencian primariamente por la acción del retorno. Ni la migración económica ni el exilio político son acciones que, en sí mismas, ennoblecen o degradan. Ninguna define la vida, pero la migración económica y el exilio político enmarcan diferentemente nuestras experiencias en la vida. Quienes emigran por razones económicas aspiran a regresar cuando su situación económica personal lo permita, quizás en los años dorados. En contraste, los exiliados políticos no están preparados para regresar mientras las condiciones opresivas que provocaron su éxodo estén presentes. La vida se ha portado bien conmigo, y ya no siento nostalgia por el pasado. Por consiguiente, me defino a mi mismo como “exiliado en receso”.

