Ataque Aereo al General Irani Qasem Soleimani
El 3 de enero de 2020, tres días después de un ataque pro iraní a la Embajada de Estados Unidos en Bagdad, el presidente Donald Trump ordenó abatir en un ataque aéreo selectivo al general Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, el brazo paramilitar del Cuerpo de la Guardia de la Revolución Islámica de Irán (IRGC), cuya misión es suprimir la oposición doméstica y establecer milicias aliadas adiestrando fuerzas de combate en el exterior. Al momento de ser alcanzado por un dron en el aeropuerto internacional de Bagdad, Soleimani se encontraba con Abu Mahdi al-Muhandis, subcomandante de las Fuerzas de Movilización Popular, las milicias respaldadas por Irán en Irak. La Fuerza Quds es responsable de varios ataques terroristas, como el de Beirut en 1983 cuando asesinaron a 241 militares estadounidenses, 58 franceses y seis civiles libaneses. Irán utiliza aliados en otros países para realizar su campaña de terror contra sus enemigos, como Israel y Estados Unidos. A más de adoctrinar y formar milicias en Medio Oriente. Si sumamos que las actividades de Irán a través de Hezbolá en la Triple Frontera (Brasil, Paraguay y Argentina) abarcan toda la gama del crimen organizado transnacional, tráfico de dinero, humano, armas y drogas, podría decirse que Irán cuenta con dos santuarios estratégicos para sus actividades ilegales en América Latina, uno al Sur en la Triple Frontera, y otro en Venezuela, en la boca del Caribe. Es hora de condenar abiertamente a los operadores políticos vinculados financiera e ideológicamente al régimen iraní, como el Socialismo Siglo XXI reformulado en el Grupo de Puebla y Podemos de Pablo Iglesias, capaces de confabularse y actuar extraterritorialmente y violar la soberanía de los pueblos en su afán de conservar el poder político y económico de la organización, y así poder suplir temerariamente con recursos a fachadas y organizaciones del terrorismo islámico. El abatimiento de Soleimani y Al-Muhandis es la señal inequívoca de un escalamiento de tensiones en el que nuestra región no debe de tener participación alguna.

