Abrazo o rechazo: ¿qué hacer con el régimen cubano?*
¿Qué se hace, en definitiva, con el régimen cubano? ¿Se practica el rechazo, como Trump, o el abrazo como Obama? ¿Se le sanciona por su apoyo a las dictaduras de Maduro y Ortega? ¿Se le castiga para provocar la ira del pueblo con la “teoría de la olla de presión”, o se le ignora bajo la conjetura de que, poco a poco, las visitas de los turistas y las inversiones procedentes del exterior irían ablandando los cimientos de la tiranía colectivista, hasta que un día el gobierno evolucione de manera independiente y las clases dirigentes se refugien en el mercado y la democracia como la salida menos mala? ¿O sólo será esa hipótesis una justificación hipócrita para normalizar las relaciones y simultáneamente callar a los críticos que suponen que Estados Unidos, dado su rol de «cabeza del mundo libre» no debe ignorar lo que sucede a pocos kilómetros de sus costas? Todo lo que puede hacer una cancillería libre es oponerse a quienes no sólo son enemigos teóricos de los principios y formas de gobiernos democráticos, sino que en la práctica mantienen una tiranía satélite en Venezuela. Es razonable hacerle pagar un alto precio por esa villanía. Concesiones para un cambio claro y suave, sí. Concesiones para perpetuar el castrismo injerencista, no. Eso no. Sería suicida.

