Protestan frente a la Embajada cubana en Chile

Un grupo de jóvenes chilenos protestaron la madrugada del jueves frente a la Embajada de Cuba en Santiago de Chile “para recordar a los presos políticos cubanos, que después de 60 años siguen sufriendo la tiranía y la dictadura castrista”. El video y un reporte de la protesta forman parte de una nota de la Asamblea de la Resistencia Cubana enviado a Radio Televisión Martí. Además de homenajear a los prisioneros políticos muertos en manos del castrismo, la protesta tenía otro propósito. “También para homenajear a los cientos de civiles y uniformados chilenos asesinados por órdenes del Estado terrorista cubano”, se le escucha decir al presentador del video. “Acá estamos, chilenos que aman la libertad, hoy a las 12 de la noche, prendiendo velas en homenaje a los caídos”. Manifestaciones en honor a Sosa Fortuny han tenido lugar frente a la sede de la misión castrista ante la Organización de Naciones Unidas en Nueva York; en Montevideo, la capital de Uruguay; en Santo Domingo, República Dominicana, y en la Asamblea Legislativa de Costa Rica. “Creo que ya es momento de que las sociedades libres, o quienes son amantes de la libertad, empiecen a reaccionar con quiénes son los que lideran esto, quiénes son los que financian todas estas acciones”, “Creo que hoy día la lucha de los cubanos por la libertad no es una lucha solamente de los cubanos: ya es una lucha de todos los latinoamericanos”. La semana pasada, en el sur de la Florida, el alcalde de El Doral, Juan Carlos Bermúdez proclamó el Día de Armando Sosa Fortuny en la ciudad. Antes lo había hecho el alcalde Francis Suárez en la ciudad de Miami.

Abrazo o rechazo: ¿qué hacer con el régimen cubano?*

¿Qué se hace, en definitiva, con el régimen cubano? ¿Se practica el rechazo, como Trump, o el abrazo como Obama? ¿Se le sanciona por su apoyo a las dictaduras de Maduro y Ortega? ¿Se le castiga para provocar la ira del pueblo con la “teoría de la olla de presión”, o se le ignora bajo la conjetura de que, poco a poco, las visitas de los turistas y las  inversiones procedentes del exterior irían ablandando los cimientos de la tiranía colectivista, hasta que un día el gobierno evolucione de manera independiente y las clases dirigentes se refugien en el mercado y la democracia como la salida menos mala? ¿O sólo será esa hipótesis una justificación hipócrita para normalizar las relaciones y simultáneamente callar a los críticos que suponen que Estados Unidos, dado su rol de «cabeza del mundo libre» no debe ignorar lo que sucede a pocos kilómetros de sus costas? Todo lo que puede hacer una cancillería libre es oponerse a quienes no sólo son enemigos teóricos de los principios y formas de gobiernos democráticos, sino que en la práctica mantienen una tiranía satélite en Venezuela. Es razonable hacerle pagar un alto precio por esa villanía. Concesiones para un cambio claro y suave, sí. Concesiones para perpetuar el castrismo injerencista, no. Eso no. Sería suicida.