La batalla diplomática del siglo en América Latina
Se trata del control de la OEA y es muy importante. El uruguayo Luis Almagro tratará en marzo de reelegirse como Secretario General de la OEA. Ojalá lo logre. Su más dura contendiente es la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, canciller de Rafael Correa. Esta dama, graduada de la Universidad Católica de su país, es una ficha clave en la diplomacia del “Socialismo del siglo XXI” bajo la discreta tutela de La Habana. Es asombroso que quien maneja una parte sustancial de la OEA sea un país que desprecia a la organización y que no pertenece a ella. No se trata, pues, de la competencia legítima entre dos diplomáticos con carreras parecidas. La disputa es entre dos concepciones absolutamente diferentes de la vida pública. En una de ellas el Estado está al servicio del individuo. En la otra, es el individuo el que está al servicio del Estado, de un Partido o de un líder supremo. Cada país tendrá que tomar su decisión y pechar con ella. Supuestamente, habrá recompensas y castigos, refuerzos positivos y negativos. En estas elecciones se juega algo extraordinariamente importante: la alineación del máximo organismo regional ante la disputa entre dos concepciones opuestas de la organización de la sociedad que están a punto de chocar. Por eso le han llamado la batalla diplomática del siglo. El asunto es muy serio. Muy importante.

