A RAFAEL CORREA EL CRIMINAL CONDENADO
No podrás mirar a los ojos a tus hijos y explicarles que, en lugar de gobernar por el bien común, decidiste encabezar la más peligrosa banda criminal que registre la historia del Ecuador y saqueaste el país sin rubor alguno. No podrás mirar a tu madre a quien traicionaste, porque te llenaste de odio y perversidad para vengar el infortunio de tu infancia y juventud. No podrás recuperar los amigos que perdiste cuando el poder se te subió a la cabeza, envenenó tu alma y extravió tu camino. Hoy celebro tu condena. Especialmente por las víctimas que cosechaste en tu tórrido y funesto paso por el poder, entre ellos, a mi familia. Lo hago en nombre de mi madre, quien, al ver a su hijo apresado, terminó postrada en una silla de ruedas. Por mi padre que tuvo que vender su carro para costear la defensa. Por mi hermano, a quien dejaste en la calle por el delito de ser mi hermano y ordenaste al rufián de Carlos Baca que lo meta preso para saciar tu venganza conmigo. Yo, en cambio, no te odio. Apenas me das lástima por lo que hicieron de ti. La gente de bien, siempre teme al juicio inexorable de su conciencia y de Dios. Tu eres un pobre pelafustán, sin Dios ni ley, al quien le sienta bien la justicia terrena. Perseguiste y odiaste sin clemencia. Hoy la justicia abrió el camino para que el país pueda saldar cuentas contigo. En las sentencias que vendrán, en algo podrá la Patria resarcirse el enorme daño que provocaste. Y un día, finalmente, tú y tus secuaces, tendrán que devolver todo lo que se robaron. Te lo juro.

