Al rescate del 20 de Mayo
Frecuentemente pienso que el proceso cubano que algunos identificamos como castrismo tiene más semejanzas con un movimiento contracultura que uno de acción política. Fue notable la rigurosidad con la que se destruyó la República y sus valores, lo que evidencia que el objetivo no era un simple cambio político o la sustitución de la clase dirigente, sino la pulverización del pasado, para edificar un presente y futuro a conveniencia del liderazgo emergente enemigo de la esencia de la nación cubana. La larga y cruenta lucha por la soberanía nacional fue presentada como una especie de lucha de clases. No eran patriotas, sino burgueses en procura de un mayor enriquecimiento, la mayoría ciudadana no se percató de tal monstruosidad. La Contracultura llegó al poder. La republica se extinguió, y un sujeto por la estupidez e incondicionalidad de sus seguidores y la incapacidad de algunos de sus opositores, asumió la identidad de la Patria y de la República, imponiendo un régimen totalitario que ha destruido los fundamentos y valores de la nación.

