El yeyo de Fidel Castro
Leo en RT (Russia Today) un largo reportaje sobre la creación de una “Primera Internacional Progresista” para combatir las ideas liberales en los difíciles tiempos del Covid-19. La “Primera Internacional Progresista” es una amalgama de personalidades e instituciones que suscriben tres supersticiones fundamentales: que el gasto público es magnífico, especialmente lo que llaman “gasto social”, que deben subirse los impuestos, y que el Estado es un buen gestor de esos ingresos. En noviembre de 2016, cuando Fidel optó por morirse, sentía una gran amargura. Sabía que todo había sido inútil. Chávez se había muerto de cáncer. Fracasaron sus sueños de doblegar al imperialismo yanqui y de demostrarles a los rusos que se habían equivocado. Raúl era un tipo mediocre. Maduro, impuesto por él mismo, no servía para nada. Era un tipo enorme, pero vacío. Si Fidel llega a saber que Cuba, Venezuela y Nicaragua no eran bienvenidas a la “Primera Internacional Progresista”, le da un “soponcio”, como dicen los españoles. Los cubanos le llaman un “yeyo”.

