Cuba, la dictadura jefe del castrochavismo, repite por seis décadas su agenda de crimen organizado

Controlar un estado por la fuerza, someter a su pueblo por la violencia, retener el poder utilizando el miedo, la tortura, el hambre y la extorsión, creando un centro de dirección, protección y expansión de la delincuencia organizada transnacional para desestabilizar, agredir, intervenir y ocupar otros países, llamando a eso revolución antiimperialista, es la mayor acción criminal y de propaganda que describe a la dictadura de Cuba. Disfrazar el crimen como acciones políticas para darle causas de justificación e impunidad, victimizarse para encubrir la permanente agresión a la libertad y soberanía de otros países, buscar la permanente polarización multiplicando los ejes de confrontación, cometer los crímenes mas aberrantes con coartada antiimperialista y destruir política o físicamente a los adversarios, son algunas de las características de la dictadura de Cuba desde hace 61 años.

Cantando hacia la libertad

Dos millones de personas dándose las manos y cantando canciones patrióticas a lo largo de tres países. Eso fue el método báltico, la Revolución Cantada de los Estados Bálticos. Durante cuatro años, de 1987 a 1991, los pueblos de Estonia, Letonia y Lituania enfrentaron la ocupación soviética esencialmente cantando. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, el Ejército Soviético invadió las naciones bálticas, derribó los gobiernos y asesinó o exilió virtualmente a todos los líderes políticos y de negocios de Estonia, Letonia y Lituania. Trágicamente, la comunidad internacional no ayudó a los países bálticos, y la ocupación soviética duró cincuenta años. La mayoría de nosotros no pensamos en cantar cuando consideramos revoluciones, pero la no violenta Revolución Cantada terminó victoriosa sobre una violenta ocupación armada. La improbabilidad de tres pequeñas naciones derrotando cantando al poderío militar soviético es una valiosa lección táctica para quienes aman la libertad en cualquier parte. Pero Putin no es Gorbachev, y cantos no detendrán los tanques de Putin. Si sucediera eso, esta vez el mundo necesitaría escuchar las maravillosas voces libres de los pueblos bálticos.

Pandemia, en tiempos de utopía

En la quimera de los sesenta la mayoría se perdió  en el abrazo de oso de la utopía marxista, el populismo demagógico y el caudillismo militar, todo aderezado con el marxismo, convencidos de que quemarían etapas de desarrollo y alcanzarían sus metas. En esta nueva coyuntura el fascismo sazona el histórico marxismo. Un número creciente de personas atropellan los derechos de los otros  y no pocas autoridades otorgan facultades a los depredadores. Los sueños de los años sesenta alcanzaron el delirio cuando la dirigencia contestataria tomó el socialismo real como prototipo, situación que parece repetirse en este 2020 con las propuestas redentoras de los siempre enfebrecidos iluminados por la intolerancia y el poder, tanto marxistas como fascistas, todos febriles con el Covid19.