Japón fue la última escala de su gira por Asia, y Nancy Pelosi no es una representante cualquiera. A sus 82 años es la portavoz de la Cámara y en esa calidad, la tercera en la línea de mando del país. Su viaje debió haber sido un viaje de estado y fue solo un periplo político. No solo fue desaconsejado por la Casa Blanca y públicamente por el propio Biden, sino también por el Departamento de Estado y el Pentágono, viaje donde no podía comprometer ni firmar nada y donde Taiwán quedo en peor posición que antes.
La actitud desafiante de Pelosi quizás se explica no solo por ser una figura polémica sino también una de las críticas más fuertes del régimen chino entre los Demócratas, pero si no hubiese sido por la reacción desproporcionadamente agresiva de Beijing, como nunca se supo el objetivo del viaje y la falta de anuncios que lo justificaran, probablemente hubiese pasado desapercibido.
La primera pregunta es por qué se reaccionó así en China. Y la respuesta es doble, fue una oportunidad para mostrarle al mundo la China de hoy, poderosa, rica, y que no tiene pudor alguno en demostrar que es el único rival que puede disputarle a Estados Unidos el cetro de la superpotencia número uno.
También fue parte de la prevención de los militares estadounidenses la oportunidad, la que no pudo ser peor, ya que Xi Jinping está en plena ofensiva para que en el próximo Congreso del Partido Comunista se le corone con un tercer mandato consecutivo y con un poder que nadie había dispuesto desde Mao (la influencia que tuvo Deng no recibió consagración formal a este nivel), es decir, no solo es Presidente de China sino también secretario general del partido, de su persona depende la Comisión Militar, y su “pensamiento” fue incorporado nada menos que a la constitución. En otras palabras, la dictadura colectiva va camino a transformarse en una autocracia personalizada en la cima.
En China no hay democracia, pero si hay política, por lo que ese Congreso es decisivo, ya que puede ser la última oportunidad de sus rivales para detener esta transformación, rivales que están a la defensiva desde hace años, desde que Xi usara una resolución contra la corrupción, para desprenderse de rivales.
La gira también coincidió con fuerzas armadas totalmente desplegadas y con movilizaciones programadas, ya que la visita tuvo lugar en el aniversario 95 del Ejército Popular de Liberación de China, y fue tomado como una oportunidad, ya que, así como Deng estableció que la legitimidad del Partido iba a ser dada por el mayor proceso de creación de riqueza y de movilidad social desde la Revolución Industrial, Xi ha prometido el sitial número 1 del poder mundial para China.
De esta crisis en ningún caso va a salir la tercera guerra mundial, pero si pueden aparecer otras consecuencias intermedias, como, por ejemplo, un mayor acercamiento de China a Rusia, un aumento del temor hacia China entre los socios asiáticos de USA, y un nuevo escenario de provocaciones mayores, que no sería Taiwán (la Formosa de los portugueses), sino que, al ser un archipiélago, algunas de las islas desocupadas, muy cerca del continente,
De hecho, algo así se ha vivido durante años con total éxito chino. Así fue como la Sra. Pelosi debió viajar en su avión militar evitando en lo posible el Mar de China, ya que ese mar ha sido en buena parte ya ocupado por una vía inédita, que ha sido usar todos sus recursos para transformar simples rocas en “islas” de su soberanía, y aunque existe un fallo de la Corte Internacional de Justicia en su contra, nada detuvo la voluntad de pavimentarlas para su uso militar.
Este despliegue fuera de sus fronteras hizo aumentar la inversión militar de rivales que la habían combatido, como India (en los 60s) o que la invadieran como Japón,y también condujo a varios países de Asia a invitar a USA, tal como lo hiciera antes Europa para contener a la entonces URSS, después de la gran guerra.
La pregunta es si USA tiene una voluntad similar, y nada indica que ello sea así, dudas que son aumentadas después de la última reunión de la OTAN que definió a China como adversario (no como enemigo) y la defensa de Taiwán como parte de sus deberes, aunque no hay acciones al respecto, más allá de lo declarado.
Es así como ante la impotencia de Estados Unidos, la gira de Pelosi fue respondida por una respuesta que genera miedo. Por un lado, ejercicios militares que usan munición real, y por el otro, una serie de anuncios de represalias económicas, a pesar de que Taiwán ha invertido en China y esta lo ha hecho en la isla.
Puede ser respuesta a la aplicación de sanciones por parte de Estados Unidos, primero, por los coletazos de la invasión rusa a Ucrania y el apoyo de China, pero también directamente a empresas chinas después del acercamiento estratégico a los ayatolas de Irán a cambio de petróleo.
Nada semejante había ocurrido simultáneamente en el pasado, y no solo demuestra el poder y agresividad de Beijing, sino también le da credibilidad a escenarios que parecían exageraciones de propagandistas del régimen, que a veces expresan en ingles lo que los portavoces oficiales no pueden decir. Es así como aparecieron quienes decían que China debiera bloquear a Taiwán, del mismo modo que USA lo hiciera con Cuba, durante la crisis de misiles en 1962.
En esa oportunidad, los barcos de la entonces Unión Soviética recibieron la orden de regresar, y así se evitó felizmente el enfrentamiento nuclear, pero la humillación consiguiente le costó a Nikita Kruschev su puesto a manos de su rival Leonid Brezhnev, historia que por cierto la conoce Xi Jinping.
Lo anterior es para reiterar que de esta crisis no surgirá la invasión de la isla, pero si puede inaugurar una era de escaladas y acción seguida por reacción. Pienso en Ucrania de donde no surgió la tercera guerra mundial, pero si la primera guerra global del siglo XXl, por el impacto generalizado en energía y alimentos.
En el caso de la isla, una situación intermedia de impedir el comercio pondría al mundo entero en la perspectiva de una crisis generalizada en las cadenas de suministro y que ha tenido, desde la pandemia, impactos en automóviles y en estantes vacíos, aun en países desarrollados. Y allí Taiwán cumple un rol clave, por su enorme aporte a la producción de chips de alta gama, de los cuales depende una gran cantidad de productos. Y esta interdependencia es una paradoja, ya que es una explicación de la gran eficiencia productiva de la globalización que se vive, pero también de su debilidad a través de la dependencia en otros proveedores.
Lo que pasa hoy con Taiwán nunca se dio de la misma manera mientras la isla fue gobernada por los perdedores de la guerra civil, el Kuomintang o los nacionalistas de Chiang Kai-Shek, que llegaron en 1949 a ocupar la isla. Sin embargo, estos compartían con los comunistas el principio básico que Taiwán era una provincia china, solo que los nacionalistas acusaban a los comunistas de ser usurpadores. El cambio llego con una nueva generación de lideres nacidos en la isla, quienes no solo transformaron la dictadura de Chiang (de derecha, pero igualmente dictadura) en un país plenamente democrático, sino también empezaron a coquetear con la idea que Taiwán podría ser un país independiente, lo que era inaceptable para el Partido Comunista, ya que afecta el mito fundacional en forma parecida como lo hace el Tíbet y el Dalai Lama. Y para Xi esta situación rompe el acuerdo ambiguo que se alcanzara en 1972 entre Mao y Nixon.
Hay información suficiente para saber por qué ha actuado así un líder chino que le asegura al Partido que necesita el poder personalizado para así poder cumplir con la promesa de transformar a China en la primera e indiscutida potencia principal del orbe, junto con el primer centenario de la República Popular, el 2049
En estos días ha reaparecido en China una expresión que no se utilizaba hace años que es la caracterización de Mao de USA como un “tigre de papel”, la que se usó durante la guerra de Corea de los 50s, pero que ha regresado ahora que China se siente con el poder suficiente para decir quién y cuando puede viajar, y que autoridad puede hacerlo de la que es todavía la primera potencia del mundo.
Y lo que está en disputa es ese cetro y lo que ha ocurrido es muy grave, y la segunda gran pregunta es si será un antes y un después para USA, es decir, si va a reaccionar en una forma que hoy no existe, ya que está demasiado polarizada y dividida, como también existe una visión de creciente debilidad en la Casa Blanca.
Para confrontar a esta China, USA necesita una unidad y un relato del que hoy carece, como también que no se repitan los errores de coordinación que ha reflejado este viaje. Y para liderar a otros países, USA necesita que su elite, toda ella, crea en la superioridad de sus sistemas político y económico, y que su democracia no siga dando estas muestras de polarización y falta de unidad.
Quizás requiera de una política exterior que una y no divida, la que también necesita de una reforma de la arquitectura internacional, marcada por la obsolescencia de la ONU y similares, recordando que USA estuvo detrás de los dos esquemas más ambiciosos del siglo XX, la mencionada y la Sociedad de Naciones, siendo esta reforma una forma de enfrentar mejor a quienes cuestionan el orden liberal, es decir, quizás retomar algo que debió haber encabezado y no lo hizo en los 90s, cuando era la única superpotencia.
La actual China es también en cierto modo resultado parcial de la dupla Nixon-Kissinger y de su oferta de abrirle el mundo a China. El resto es historia y de USA depende que esta gira no augure también el futuro, cuando todavía hay tiempo.
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