Armando Valladares, poeta, escritor, artista plástico, ex-Embajador de los EEUU ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y Director del Interamerican Institute for Democracy, fue homenajeado este jueves en la ciudad de Nueva York, en una ceremonia en la que se le entregó la Medalla de Canterbury en reconocimiento a su sacrificio en defensa de su fe cristiana y libertad de conciencia bajo la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Esta medalla es el más alto honor que concede el Fondo Becket para la Libertad Religiosa, una organización sin ánimo de lucro inspirada por Santo Tomás de Canterbury, asesinado en 1170 por oponerse a una monarquía que procuraba interferir en la actividad de la Iglesia Católica en Inglaterra.
En 1960, Valladares se negó a colocar una etiqueta en su escritorio que contenía las palabras «Yo estoy con Fidel», y por ello fue condenado a los gulags del régimen, donde pasó 22 años.
Sus memorias de estas dos décadas de tortura y aislamiento fueron recogidas en su libro Contra toda Esperanza, editado por el Interamerican Institute for Democracy.
Durante su larga reclusión, Valladares pintó y escribió poesía con los escasos materiales que tenía a mano, incluyendo medicamentos, nylon quemado, y en ocasiones, su propia sangre. El el Pierre Hotel de Nueva York, donde se realizó la ceremonia, se expusieron algunas pinturas de Valladares.
La ceremonia fue reseñada en por el Times & Democrat de Orangeburg, SC, nota que reproducimos a continuación:
Escribió poesía con su propia sangre, como si fuera tinta. Armando Valladares hizo tal cosa porque se negó a escribir lo que le exigían: «Yo estoy con Fidel».
Porque se negó a escribirlo, el régimen de Castro lo mantuvo 22 años preso. De esos, ocho los pasó desnudo en una celda, muchas veces sin agua, y sin un retrete.
Y aún así, Valladares dice ser «un hombre común». Plegarse al comunismo, dice, hubiera sido «un suicidio espiritual».
«Mi historia es la prueba de que un pequeño acto de desafío lo puede significar todo para los amigos de la libertad. No me tuvieron 22 años en prisión porque negarme a decir esas cuatro palabras no significara nada. En realidad, esas palabras lo significaban todo», declara.
Al recibir la Medalla Canterbury del Fondo Becket para la Libertad Religiosa, Valladares aseguró: «aunque a mi cuerpo lo torturaran, mi alma era libre. No me pudieron quitar mi consciencia y mi fe«.
Valladares ve sus valores reflejados en la orden religiosa de las Hermanitas de la Caridad, que se enfrenta al mandato de seguro médico del gobierno, que incluye coberturas para realizar abortos, anticonceptivos y otras cosas que las Hermanitas y otros grupos católicos consideran violaciones de sus creencias religiosas.
Las Hermanitas de la Caridad, dijo Valladares, «son ricas porque viven de su conciencia, que no puede ser invadida por ningún burócrata gubernamental». Valladares «saludó» a las Hermanitas por su «aparentemente pequeño acto de desafío».
Esa misma noche, el mismo Valladares fue saludado por Elie Wiesel, autor ganador del Nobel que sobrevivió a los campos de concentración nazis.
Wiesel advirtió: «son las pequeñas cosas las que comienzan a erosionar la libertad. Es la tolerancia a abusos aparentemente pequeños, pequeñas maldades que simulamos no ver, lo que abre la puerta a mayores abusos».
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La noche de la ceremonia de la Medalla Canterbury, que honra la memoria del Arzobispo de Canterbury Santo Tomás de Canterbury, Thomas Becket y la lucha por la libertad religiosa que lo llevó a la muerte, el Presidente del Fondo Becket Bill Mumma aseguró: «tendemos puentes entre nuestras diferencias celebrando la valentía». Añadió que «es la valentía lo que nos permite ver en nuestros enemigos no la fortaleza, sino su fragilidad».
Fuentes Christian Post, Kathryn Jean Lopez para T&D (extractos)


