Fui uno de los expositores en un foro reciente organizado por el Interamerican Institute for Democracy, el Diario Las Américas y el Adam Smith Center de la Florida International University. Mantuve el titulo ya que es plenamente aplicable a todas las Américas, desde el momento que la lucha entre educación y adoctrinamiento se da no solo en América Latina y el Caribe, sino también en Estados Unidos. Por otros autores, sospecho que algo similar ocurre en otras regiones, pero no dispongo todavía del estudio personal para afirmarlo.
En nuestros países de habla castellana es un elemento explicativo del comportamiento electoral en varios lugares como también se da en las islas del caribe, en Brasil y en los propios Estados Unidos, país donde la educación y su control es hoy un elemento central de la guerra cultural que polariza y divide a esa nación, tanto que se espera que influya de manera importante en el resultado de las elecciones de noviembre, sobre todo las locales.
¿Qué es lo que ha pasado?
No es la primera vez que existe adoctrinamiento, pero es claramente un fenómeno donde lo que se entendía como educación a fines del siglo pasado está siendo reemplazado en este siglo XXI. Es un problema de tal magnitud que supera con mucho al control partidista de sindicatos de profesores y de la formación universitaria que los prepara.
La verdad es que hubo una equivocación generalizada, ya que todo parecía indicar que, desaparecida la Unión Soviética, nuestros países orientarían la educación hacia el futuro y el desarrollo, pero no contaban con esta penetración del fenómeno adoctrinador, a veces sin control ni límites. Hoy se ve claramente que el optimismo era tan exagerado como lo que ocurrió con el termino de las dictaduras militares y la transición a la democracia, donde hoy se ve un aumento y no disminución de las dictaduras, incluyendo las de la delincuencia organizada, y un aumento del populismo y la confrontación, junto a una cuasi desaparición del centro político en varios países.
La situación actual es preocupante y al respecto hay mucha responsabilidad de grandes capitales y de medios tradicionales de comunicación, cuyos propietarios provienen muchas veces de los primeros.
Lo que hoy ocurre no es un hecho súbito, sino la culminación de un proceso de varias décadas, y la enseñanza que se entrega es lo que los votantes trasladan a preferencias electorales que alejan a los países del ansiado desarrollo, y donde la emoción supera a la razón y la narrativa o relato a los hechos mismos. Es el adoctrinamiento recibido en colegios y universidades lo que ayuda a entender el porque los argumentos son reemplazados por una historia sin matices, la de buenos y malos.
Al influir de esta forma en los procesos de aprendizaje de personas, se va en contra de la propia ilustración, proceso cultural e intelectual europeo que a partir del siglo XVIII nos trajo la idea vigente del occidente como también mucho progreso, incluyendo el alejamiento del dogma religioso para explicar tanto la historia como el mundo. Hoy, el adoctrinamiento ha reemplazado a la educación propiamente tal, al traer de regreso las categorías de buenos y malos como fenómeno explicativo, una nueva religión, solo que sin Dios.
Es oposición a la educación como método, toda vez es esta la que nos prepara a cuestionar, a preguntar. El adoctrinamiento solo nos muestra las respuestas que quiere mostrar, lo peor es que cree tener no solo las respuestas, sino las únicas correctas.
¿Qué es lo que constituye educación? ¿Cuál es la forma correcta de educar? Las preguntas no son mías, y fueron formuladas por griegos que incluían nada menos que a Aristóteles, y la verdad que todavía estamos buscando una respuesta única. En relación con lo primero, cada generación busca las respuestas atendiendo a los cambios históricos, científicos y culturales. En relación con lo segundo, para dar una idea de la complejidad, incluso los propios griegos dispusieron de más de un modelo, al menos dos, cuando se compara a Atenas con Esparta, también en la sociedad, democracia versus militarismo.
El adoctrinamiento solo sabe de certezas, de soluciones prefabricados, cuando en realidad siempre tenemos más dudas que respuestas únicas. Muchas veces solo disponemos de las preguntas que nos van a servir de orientación, tales como al buscar la mejor forma para educar nos preguntamos por la ubicación del futuro. ¿Dónde lo situamos? ¿Hacia adelante o en el presente? Es lo que no hace el adoctrinamiento, ya que no se hace preguntas, sino solo entrega la respuesta. No tiene dudas sino certezas y es lo que muchas veces los lleva a situar el futuro en el pasado, a idealizar realidades que solo existen como tales en la utopía.
Es lo que explica que cuando algunos slogans ideológicos son presentados como verdades, esas personas transformadas en votantes, en la edad adulta vuelven a ideas obsoletas y sorprenden con sus preferencias electorales por alternativas fracasadas, a veces una y otra vez, Y no es por falta de información, la que existe y en abundancia, sino que el aprendizaje transformado en relato se sobrepone a la evidencia de la verdad y a los propios hechos.
Es en el fondo una certidumbre propia de la religión más que en la ciencia, muy diferente a la educación propiamente tal, la que se pregunta si es necesario saber un poco de todo o solo lo más importante, como también el rol de principios y valores en lo individual y en lo social, por lo que la educación en democracia es también educación cívica. Mas aun, a diferencia del adoctrinamiento, la educación también se pregunta si todo debe entregarse como verdad revelada, preguntándose también si es imprescindible estar correcto en todo lo que se comunica, toda vez que muchas cosas se han hecho incluso con ideas equivocadas, como lo demuestra el hecho que muchos territorios fueron ocupados o conquistados pensando que la tierra era plana.
Por cierto, desconcierta cuando se cuenta con toda la verdad y evidencia al respecto, que reaparezca y con fuerza la idea que la tierra es plana, en no poca medida gracias al internet y las redes sociales, lo que demuestra que la batalla de la educación nunca esta ganada del todo y es siempre una tarea inacabada.
Hoy, por sus efectos destructores, la principal batalla de la educación es derrotar al adoctrinamiento, y el campo de batalla es la totalidad de las Américas. ¿Qué es lo que se necesita?
Al respecto, tener claridad acerca de varios desafíos, sin que el orden sea indicativo de nada especial.
El primero tiene que ver como logramos -en tiempos de despliegue de la cultura de la imagen por sobre el libro- que el aprendizaje (lo nuevo) supero al simple entrenamiento (lo conocido).
Lo segundo es tratar de que se puede ser a la vez creativos e informados, y lo tercero, que la educación vaya más allá de la mera instrucción para formar también buenos ciudadanos. Lo cuarto es importantísimo y tiene que ver con definir lo básico del proceso de enseñanza, es decir, si se trata de conocimientos mínimos o de ciertos valores fundamentales.
En quinto lugar, como el sistema debe educar para procesar la información y no solo para memorizarla y acumularla, para así derrotar al adoctrinamiento a través de la triada, entender, explicar, comprender.
En sexto lugar, se sigue hablando de etapas (pre, post, primaria, superior, otras), cuando en realidad deberíamos hablar solo en términos de un proceso continuo que dura toda la vida, individual a la vez que social.
En séptimo lugar, la educación no solo debiera definir un lugar adecuado para una creciente cultura visual, sino también buscar las soluciones más en porqué que en el cómo. Por último, en octavo lugar renovar el desafío de la educación para con toda generación, es decir, el compromiso ético con la verdad, ya que no existe una verdad absoluta ni siquiera en la ciencia, la que no avanza con verdades reveladas como en el adoctrinamiento, sino también a través de lo que se conoce como quiebres epistemológicos, incluyendo teorías competitivas entre sí.
El adoctrinamiento se aprovecha de la sensación de crisis permanente con la que se vive, esa dificultad para darle coherencia y sentido al mundo. Al respecto, existe algo que separa totalmente a la educación, donde incluso la tecnología es de importancia secundaria. La mejor arma que se dispone es la actitud crítica, aquello que permite el avance, una actitud frente a la vida que no es un chispazo ocasional sino una forma de ser.
Para derrotar al adoctrinamiento, la educación propiamente tal debe recordar que nada es mas estable en el ser humano que su capacidad para cambiar, manifestada en toda la historia, desde las cavernas a hoy en día. Se derrota al adoctrinamiento, cuando se comprende la verdad que grandes cambios como la caída del Muro de Berlín se dieron cuando no se esperaban y sin ninguna planificación para desencadenar los sucesos. Ello es así porque el ser humano es impredecible, ya que se modifica y auto modifica, constante y regularmente.
Sus principales limites son internos, dados por el sistema de creencias, incluyendo sueños y ritos, no solo genes. Para derrotar al adoctrinamiento, el proceso educativo también debe entregar herramientas para prepararnos tanto a cambiar varias veces en la vida como a resistir ese cambio cuando se trata de algo impuesto desde afuera a las personas, a través de la manipulación.
A veces el cambio más difícil no es el social sino el interior, por lo que el proceso conocido como educación debe ayudarnos a tener conciencia de la existencia del adoctrinamiento para derrotarlo, sobre todo, en días como los actuales, donde los jóvenes enfrentan este conflicto en mayor soledad y con menor ayuda y contención familiar. Para el daño que genera el adoctrinamiento, se trata de poder entender que plasticidad y flexibilidad son activos de la evolución humana que nos debieran permitir superar esa agresión.
En conclusión, inteligente no es el que sabe más, sino aquella persona que tiene además capacidad de cambio, no solo como parte de una especie, sino en lo más difícil para una sociedad, cual lo es lograr que el sistema educacional ayude y no obstruya al desarrollo de la capacidad de asombro que permite construir puentes entre emoción y razón, para que la inteligencia logre derrotar ese hastío existencial que es aprovechado por el adoctrinamiento para que las fuerzas antidemocráticas logren el control desde adentro de las sociedades.
La educación debe defenderse y así como todo conocimiento puede ser usado, también hay que estar consciente del mal uso que puede hacerse, visible desde hace años en tantas decisiones electorales en América Latina, donde el adoctrinamiento se impone, paralizando y haciendo retroceder a las sociedades. Para una democracia de calidad necesitamos una mejor educación que derrote al adoctrinamiento que crece y avanza en la región, y que como todo lo que tiene que ver en definitiva con principios y valores es lo que más cuesta, pero si se logra la victoria, es siempre lo más duradero.
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