No hay instancia dónde no alarme la crisis del país caribeño, opuesta a la apreciación del propio Bolívar con respecto al “mejor gobierno”, como aquel capaz de generar “felicidad, seguridad social y estabilidad política”. En un 70% se contrajo la economía entre 2013-2019, ubicándose en el contexto de los trances más peligrosos del mundo. Adicionemos, consecuencialmente, el descenso de la posibilidad adquisitiva de los hogares, el incremento de la indigencia y la acentuación de las desigualdades sociales. En rigor, un inimaginable caos, jamás confrontado.
Es de observar que hace más de 2000 años la monarquía, tiranía, oligarquía y democracia, como formas para la organización de las sociedades, fueron familiares a Platon y Aristóteles. Pero también que el estilo de gobierno que encontramos hoy en Venezuela y otros países están familiarizados con Lenin en Rusia, iniciándose el l917, modelo seguido por la mayoría de los autócratas. Anne Applebaum denuncia “la atractiva seducción del autoritarismo”, determinante en la política y en una “polarización” que golpea a la democracia, pero con la gravedad de que el odio entre unos y otros no es personal, es político. En Polonia un segmento de dirigentes se mantiene como “pro-rule-of law y pro-market center right”, prosiguiendo en partidos alineados con la democracia cristiana europea y los liberales de Francia y Holanda. Del otro lado está el partido “Ley y Justicia”, el cual ha abrazado ideas contrapuestas cercanas a la xenofobia y la paranoia. Ello derivación, particularmente, de “el despotismo”, o sea, de un gobierno absoluto, no limitado por las leyes.
El radicalismo del citado partido conllevó a que la “Carta Magna” polaca empezara a irrespetarse, a través, entre otras, de providencias relativas al nombramiento de jueces de la Corte Constitucional que favorecieran al gobierno. Pero, además, con el agravante de que los magistrados que se atrevieran a cuestionar medidas del poder ejecutivo fuesen sancionados. Adicionalmente, se apropiaron los medios de comunicación tradicionales y ultramodernos, con la gravedad como alimento para el descontento, de que la gente sabía que los gastos para la estrategia se sufragaban con la tributación por ella pagada. Se trata en criterio de la académica, no de una filosofía, más bien de un operativo para resaltar las élites políticas, culturales y financieras, facilitando la tenencia del poder. La antítesis proseguiría siendo “la democracia”, puesto que en ella, privan, por lo menos, teóricamente, las diferentes maneras de participación, como el derecho al sufragio, la consideración de la meritocracia para acceder a los altos niveles en educación y el servicio público. Y finalmente el libre mercado. Por tanto, en criterio de la autora del libro “Twilight of Democracy”, la conclusión pareciera ser que la participación en la lucha democrática, a través de los mecanismos que ella ofrece, termina siendo la más justa y eficiente vía para la distribución del poder. Sin embargo, no se está contento con la realidad, ni con el resultado, base para corroborar que hay, por lo menos, similitudes entre Polonia y Venezuela. No parecieran agotarse en la admiración de ambos pueblos por Juan Pablo II.
Una iniciativa adelantada en Venezuela el pasado diciembre, pareciera haber generado alguna esperanza en lo concerniente al alivio del “carcinoma”. Se hace referencia a “la consulta plebiscitaria”, adelantada por la Asamblea Nacional democrática, mediante la cual el pueblo, a través del voto, desconoció la escogencia de los diputados que hoy integran la que el gobierno quería y ratificó la imperativa necesidad de luchar para el rescate de la institucionalidad. El régimen, acudiendo a “la apariencia constitucional” tiene hoy su propio poder legislativo, confirmando “el olor a dictadura”. El galeno afirmaría que “el carcinoma” pudiera hacer metástasis, pues el país luce enfermo y en medio de dos pandemias, el Covid-19 y el “cangrejo constitucional”. Pero, además, inserta en las contradicciones en las que se mueven las sociedades democráticas, inclusive, las reconocidas por su estabilidad. Ese es su “dilema”.
Dios quiera que nuestra “desidia” induzca a la “laboriosidad” para no cometer tan costosos errores y alcanzar definitivamente a “la Patria próspera”.




