Se cumplen casi 100 años de la publicación en el año 1923 del libro “ La decadencia de Occidente” del filósofo e historiador alemán Osvaldo Spengler. En esta obra se planteó por primera vez que nuestra civilización se acerca a un colapso. Años mas tarde su colega Arnold Toynbee coincidió con Spengler en que nuestra civilización occidental está frente, por lo menos al preludio de un colapso. El mejor ejemplo de ello lo tenemos frente a nuestros ojos en la dramática situación por la que atraviesan los EE.UU. hoy en día. Esta, otrora, gran nación, como ninguna otra, ha dominado nuestro mundo culturalmente, económicamente, tecnológicamente, militarmente desde la época del Imperio Romano. Los paralelos del camino hacia la decadencia de ambos imperios es realmente sorprendente y deberíamos repasar los textos de eruditos en la materia para no incurrir en los mismos errores. Son varios los elementos en común de la decadencia de Roma y los EE.UU. Entre ellos destaquemos tres grandes categorías: la decadencia social, la decadencia cultural y la decadencia moral. En la decadencia social incluiríamos la falta de disciplina económica, los excesivos impuestos y una burocracia exhorbitante. En Roma se afirma que habían mas funcionarios públicos que gente que pagaba regularmente sus impuestos. Y en EE.UU. los funcionarios públicos pasaron de 600.000 en el año 1930 a 16 millones en el año 1999. Luego tendríamos la decadencia cultural y la decadencia moral, que van bastante juntas una con la otra. Aquí acudimos a un preclaro padre de la patria norteamericana, Edward Gibbon, que un año antes de la ratificación de la Constitución de EE.UU., había publicado su libro “La historia de la Decadencia del Imperio Romano”, texto que el primer presidente de Estados Unidos había leído con mucha detención. Allí Gibbon predicaba que la nueva nación debía tener mucho cuidado con no perder la virtud cívica y la moralidad individual, motivos claves, según él de la caída de Roma. Compartía su filosofía en aquel entonces con el estadista inglés Edmund Burke, que en una carta a un aguacil de Bristol le escribía: “Todos los que han escrito sobre gobiernos son unánimes en que, entre un pueblo generalmente corrupto, la libertad no puede existir durante mucho tiempo”. Gibbon, Burke y Washington creían que para la salvaguarda de una sociedad eran imprescindibles una moral elevada y una religión sinceraEn cuanto a la decadencia cultural y moral que enfrentó Roma y enfrentan hoy los Estados Unidos, coinciden varioshistoriadores que el colapso familiar en Roma trajo también la caída del Imperio, y hoy está provocando evidentemente y en gran medida el crudo debacle moral y cultural de los norteamericanos, que debilita aún mas al país. En el caso de los EE.UU. debemos mencionar la maléfica influencia que ha tenido el marxismo cultural en las universidades, el ámbito escolar y los medios de comunicación, principalmente a partir de los gobiernos de Obama, basada en las teorías importadas de Europa de los marxistas de la Escuela de Frankfurt. Bajo la actual Administración de Biden es evidente que el colapso moral, económico, político se ha acentuado en forma dramática. Una inflación galopante, la población empobrecida con decisiones culturales y morales ajenas a la mayoría de los ciudadanos hacen que el sentimiento general de los norteamericanos sea actualmente sombrío, decepcionante y que buscan un cambio lo más pronto posible. Una presidencia que tiene al frente un político con serios problemas cognitivos y salpicado por corrupciones graves, principalmente por su hijo Hunter Biden, que es protegido por altas autoridades del Departamento de Justicia, del FBI y la Cia, constituye un escándalo de gran envergadura para una democracia funcionante. La empobrecida población americana lo sabe y las últimas estadísticas así lo reflejan. De acuerdo a Gallup el 50 % de la población cree que el estado de los valores morales en América es muy pobre, y el 78% piensa que en el futuro próximo bajo esta Administración, la situación en general empeorará rápidamente.
¿Y cómo puede salir este otrora gran país de la pesadilla ideológica que lo ha invadido actualmente. La renombrada revista británica The Economist, en un informe especial relativo al índice de democracia en el mundo, pone a los EE.UU. entre los países que cuentan tan sólo con una “democracia imperfecta “, mientras que en nuestro continente aparecen como ”democracias plenas “ Uruguay y Costa Rica. Una verdadera vergüenza para el otrora faro que nos inspiraba.
En el pasado los Estados Unidos han demostrado que su pueblo tiene la fuerza moral para salir triunfante de crisis como ésta, y el comienzo de su reconstrucción moral, cultural y económica la podrían muy bien marcar las próximas elecciones de medio término, del cercano 8 de noviembre. Unos comicios que se celebran tradicionalmente cada dos años a través de los cuales se eligen, se renuevan totalmente la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Además se eligirán 36 de los 50 gobernadores con los que cuenta el país. Son elecciones que también se consideran como una especie de plebiscito acerca de la gestión del actual gobernante de turno, en este caso de Joe Biden. Dada la caótica situación por la que atraviesa la nación, se considera que es probable que el Partido Republicano gane la mayoría de los diputados, quizás también logre una apretada mayoría en el Senado. Con un triunfo tal se podría comenzar a corregir muchos de los excesos ideológicos de la Administración Biden, que están llevando al país a un ocaso moral, cultural y económico.
José Antonio Friedl Zapata
Politólogo – Latinoamericanista – Periodista Independiente
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».




