Lo mismo estamos viendo ahora. Entre más profundicemos la lucha cívica y pacífica, más se ahondará el aislamiento nacional e internacional de la dictadura. Más aún con presos políticos, hombres y mujeres de diferentes edades, capturados indefensos y, algunos, golpeados.
Parte de la discusión es sobre la viabilidad de la vía pacífica, para tener éxito sobre las dictaduras, y se cita el caso de Venezuela. Hay, sin embargo, una diferencia sustancial con ese caso. Mientras los cubanos seguramente le hablan al oído de Ortega, Venezuela está totalmente ocupada por Cuba, como se evidenció en el libro muy documentado la “Invasión Consentida”, a propósito de los sueños ideológicos y geopolíticos de Chávez. De tal forma, que mientras no se resuelva el caso de Cuba, difícilmente se solucionará la situación de Venezuela.
En cambio, el caso de Nicaragua no presenta esa dificultad geopolítica, aunque Ortega lo intente. Además, con el fin de la Guerra Fría, a principios de los años 90 del siglo recién pasado, salvo pequeñas guerras tribales, el viejo conflicto del Medio Oriente y enfrentamientos territoriales como el caso de Rusia y Ucrania, nadie financia luchas armadas.
¿Qué hasta ahora la comunidad internacional ha reaccionado únicamente con declaraciones y algunas sanciones individuales? Esas declaraciones son solamente el anticipo de la profundidad del aislamiento de la dictadura, y así debemos verlas, porque progresivamente el aislamiento se trasladará a los vínculos económicos y financieros.
La profundidad del aislamiento internacional de la dictadura es tal, que aún de los regímenes autoritarios está aislada. Es el caso de China, a quién Ortega trató de engatusar y atraer para formar parte de sus intereses geopolíticos, Canal Interoceánico incluido, pero seguramente ese país valoró el riesgo geopolítico y Ortega sigue teniendo relaciones con Taiwán. El único respaldo importante que a Ortega le queda, dentro de los regímenes autoritarios, es Rusia, que será afectada por la ley Renacer, actualmente en trámite en el Congreso de Estados Unidos.
Incluso Ortega está aislado de la izquierda latinoamericana y europea, como lo simboliza la reciente declaración de alguien tan respetable e influyente a nivel internacional por José Mujica, entre decenas de personas también significativas a nivel internacional.
Ortega, a su vez, hace una mala lectura de la realidad regional latinoamericana. Piensa que Pedro Castillo, en Perú se alineará con él, sumándose al eje bolivariano. Pero, a su vez, ofendió dramáticamente a gobiernos como Argentina y México, que intentaron una gestión amistosa por los presos políticos, habiéndose abstenido en la resolución de la OEA y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, precisamente para facilitar esa gestión amistosa. A su vez el candidato presidencial Petro, en Colombia, con muchas posibilidades, ha condenado lo que ocurre en Nicaragua, y difícilmente Lula, en Brasil, se podrá separar de ese contexto latinoamericano adverso.
Como lo dije al inicio de este artículo, le estamos viendo las casitas al pueblo.
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