Durante la guerra fría se manejó un concepto que demostró ser muy útil en evitar un conflicto bélico, fue el de las “líneas rojas”, es decir, la comprensión pública y privada de lo que era inaceptable tanto para USA como para la ex URSS.
Además de útil fue necesario, porque más allá del armamento atómico, ambas superpotencias a las que todo separaba pudieron manejarse con la responsabilidad suficiente como para no llegar nunca al enfrentamiento directo, a pesar de varias guerras por aproximación o a través de terceras partes.
A partir de la repartición de las esferas de influencia post segunda guerra mundial, tuvieron características de ser dinámicas, por lo que se adaptaron a circunstancias cambiantes, tales como los misiles de 1962 en Cuba o la detente de los 70s.
Sin embargo, el colapso de la URSS fue tan rápido que no se alcanzó a negociar el fin de la guerra fría, y con posterioridad, la llamada “trama rusa” al interior de Estados Unidos y la polarización de su política, ha hecho virtualmente imposible mantener buenas relaciones para un tema de esta naturaleza.
La relación también se deterioró debido a dos circunstancias, donde se echó de menos una comprensión del rol que juegan las líneas rojas en política internacional. La primera fue el incumplimiento por parte de la administración Obama de un anuncio que había hecho la propia Casa Blanca, en el sentido que el uso de armas químicas en Siria por parte de Bashar el Assad era totalmente inaceptable, pero ante su utilización comprobada nada pasó, lo que abrió la oportunidad para que Rusia llegara y colocara todo su poder hasta permitirle al régimen ganar la guerra civil.
Probablemente Putin actuó así por su política de confrontación total con los grupos yihadistas, presente desde la guerra de Chechenia y algo que antecede a la URSS, como es la búsqueda de puertos de aguas calientes, en este caso, la Base Naval de Tartús en el mediterráneo sirio.
La segunda fue la invasión vía los hombres de verde e integración a Rusia de Crimea, legitimada posteriormente por un plebiscito y el argumento que era una reocupación ya que la península había sido trasladada desde Rusia a Ucrania por Nikita Krushev en 1954, al cumplirse los 300 años de su integración al imperio zarista.
En ambas situaciones, tanto el abandono de compromisos en el medio oriente como en Europa, el elemento básico de la actitud de Obama era el inicio del movimiento estratégico de Estados Unidos hacia el tema chino, como el determinante estratégico más importante del siglo XXI.
En el conflicto sirio, las líneas rojas estuvieron presentes en la relación de dos países que estuvieron en bandos opuestos como fueron Rusia e Israel, ya que la comprensión de lo que era aceptable e inaceptable, permitió que Israel pudiera atacar blancos iraníes, pero sin jamás antagonizar a Putin, quien desarrolló una muy buena relación con Netanyahu, para ventaja de ambos países.
La verdad es que esta ausencia de las líneas rojas en la relación entre Rusia y Estados Unidos ha sido lamentable para ambos, sobre todo, para USA. La relación se ha deteriorado de tal manera que los demócratas han argumentado que la elección de Trump se debió a la intervención rusa a su favor, para lo cual no existe evidencia que permita respaldar esta aseveración, no por lo menos a ese nivel. Aún peor para USA, lo anterior ha conducido a un acercamiento de tal magnitud entre Rusia y China, que en vez de neutralizarla, en la práctica la acercó a su único rival por el predominio mundial en el siglo XXl.
Sin embargo, la actual situación de Ucrania ha traído de regreso a las líneas rojas, expresión que ha sido utilizada tanto por Rusia como por USA, lo que puede considerarse una buena noticia, ya que la comprensión de la línea que separa a lo aceptable de lo inaceptable va a permitir un avance, en las negociaciones que se inician el 10 de enero de este 2022.
Ucrania ha estado desgarrada por dos almas desde hace mucho tiempo, y sin duda, desde la desaparición de la ex URSS, y su reemplaza por las 15 repúblicas que la constituían y que hoy son países independientes. Las dos almas, son Rusia y Occidente. De hecho, el país está no solo dividido, sino con una parte ocupada por milicias pro-rusas, con total apoyo de Moscú.
Este solo hecho, hace poco creíble una invasión desde Rusia, simplemente por no ser necesario. Tampoco se cree seriamente en un escenario bélico desde Washington, ya que es difícil pensar que se va a luchar en la frontera rusa o que existan muchos soldados europeos disponibles. Tampoco, lo de las sanciones económicas dada la dependencia europea, sobre todo de Alemania del gas ruso, en el inicio del invierno.
Entonces, porqué y para qué Putin desplegó más de 100.000 soldados en la frontera?
Lo ha dicho Putin. Y tiene que ver con la rapidez del colapso de la ex URSS, lo que llama,” el peor desastre geopolítico” del siglo XX. Lo que quiere, es un nuevo arreglo de seguridad entre Rusia y Occidente, que reemplace al que existió durante la guerra fría.
Aquí mas que aplaudir o castigar, hay que hacer un intento de entender la situación, desde la posición de Moscú. Parte por aceptar que Rusia se ha expandido siempre hacia el oriente, pero también muchas veces ha sido invadida desde Occidente, como por ejemplo pasó con Napoleón, Hitler o en su guerra civil.
A mi juicio, Putin ha sido incorrectamente identificado con la ex URSS, cuando en realidad busca una reposición de la Rusia que nació siglos antes y que se inició en la parte oriental de lo que hoy es Ucrania, una Rusia, que cultural y religiosamente, existió también bajo el zarismo.
Putin ha estado siempre insatisfecho con el incumplimiento de la promesa de Bush padre a Gorbachov de que la OTAN no se extendería hacia las fronteras de Rusia, ya que la ocupación de Europa del Este (y también central) seguía esa lógica después de 1945, y de ahí el rechazo a las llamadas “revoluciones de colores” que tuvieron lugar en algunas exrepúblicas soviéticas, incluyendo la propia Ucrania.
Ese es el tema de seguridad ruso detrás de esta última crisis, donde guerra no va a haber, ni invasión rusa ni presencia militar occidental.
Y la verdad sea dicha, todo indica que nuevamente Putin está logrando lo que quería, y es indudable qué dentro de esta visión de la seguridad rusa, amenazas de sanciones económicas no actúan como disuasión. Si logra su objetivo principal, el de negociar temas de seguridad.
¿Tiene razón Putín y se le debe conceder todo lo que pide?. Por supuesto que no, es tan solo el inicio de una negociación, una que está pendiente desde el fin de la guerra fría. Y si la exURSS y EE.UU fueron capaces de llegar a acuerdos mucho mas complicados, no se entiende porque estas conversaciones no sean mutuamente satisfactorias.
¿Qué hay en beneficio de USA?. Creo que existen tres objetivos, donde USA podría ser beneficiado: el primero tiene que ver con un frente contra el Islam político radicalizado, donde Rusia comparte la visión de enfrentar por vías militares al terror y al yihadismo, y ha demostrado la voluntad de emplear soldados con este fin.
La segunda es mucho más importante, sobre todo para Occidente, lograr que Rusia se distancie de China, donde dada la integración económica del mundo, no hay una nueva guerra fría, pero si hay una determinación de apoyos y alianzas para el rasgo más distintivo de este siglo, cual lo es si China o Estados Unidos va a ser la potencia dominante.
Para la tercera, Rusia ya ha expresado su opinión favorable, y tiene que ver con una nueva ronda de negociaciones, sobre armamento atómico y sobre todo, de misiles y nuevos tipos de armas, como las espaciales y las hipersónicas. Y aquí, contrariamente a lo que se supone, dentro de su política de “EE.UU primero”, Trump tuvo una actitud dura al respecto.
Por todo lo anterior, es una buena noticia que esta crisis de Ucrania haya traído de regreso a las líneas rojas, importantes para la paz mundial.
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