Perú o una sociedad con un pie en la tumba.

El Perú de nuestros días es muy diferente al que lo vio triunfar frente a Mario Vargas Llosa, o gobernar tras el desorden del primer Alan García. Ningún peruano de menos de 30 años puede recrear la angustia que se vivía cuando parecía que “Sendero Luminoso” iba a ganar la partida. Fujimori fue un gobernante de la década de los noventa del siglo pasado. A su hija le toca salvar a Perú aquí y ahora. Ojalá se den cuenta los que piensan abstenerse o votar en blanco. Estarán apoyando a Castillo.

Gaza: ¿Por qué ahora?

Por eso, lo que más molesta no es solo la ignorancia sobre los orígenes del conflicto, sino sobre todo, la vigencia del más antiguo entre los odios, la judeofobia en amplios sectores del mundo, incluyendo los medios de comunicación y las redes sociales, enfocándose hoy en un país, tal como en el pasado lo hicieron con un pueblo o una religión. No tanto en la crítica a Israel, como en la justificación del totalitarismo de Hamas, es decir, doble estándar en favor de un movimiento terrorista que usa civiles como escudos humanos.

Política, religión y dinero.

En otras palabras, los países más ricos son menos religiosos que los pobres y la religiosidad disminuye a medida que los países se hacen más ricos. Un hallazgo, complaciente para los libertarios, es que, cuando un estado patrocina una religión, el resultado es un servicio religioso deficiente, que conduce a una disminución de la participación y las creencias religiosas.