Bolivia no se rinde
Bolivia podría perder en las urnas aquello que conquistó en las calles en octubre y noviembre de 2019. El único obstáculo que puede impedir ese retorno es la resistencia civil organizada.
Bolivia podría perder en las urnas aquello que conquistó en las calles en octubre y noviembre de 2019. El único obstáculo que puede impedir ese retorno es la resistencia civil organizada.
Desde 1821 hemos vivido una transitoriedad holística llena de sobresaltos políticos por parte de caudillos provincianos, guerras regionales, revoluciones de albarda y hasta experimentos socialistas carburados por estafadores intelectuales, gafos guerrilleros, empresarios cortesanos y por la mala derecha (no existe oposición verdadera al orteguismo) y la aberrante izquierda (con una agenda supraregional terrorista a 4 bandas).
Imparcialidad, independencia e idoneidad son condiciones individuales esenciales en los jueces y son principios institucionales imprescindibles del Poder Judicial. La realidad en Argentina y Bolivia, demuestra la aplicación de acciones de gobierno para someter el poder judicial al poder político, convirtiendo la justicia en mecanismo de persecución política y en garantía de impunidad de corruptos y criminales de esos gobiernos (Kirchner-Morales)y sus entornos.
Es difícil entender la causa por la qué no pocos jóvenes nacidos en una sociedad abierta como la estadounidense, consideran el capitalismo como aberración y no aceptan que los avances de la humanidad están sustentados en el derecho ciudadanos de actuar y pensar con libertad y emprender la forma de vida para la que se sientan más aptos.
Me cuentan que Nicolás Maduro está profundamente deprimido. La situación del país es muy grave y no existe alivio para la crisis. Se agravará progresivamente. Él lo sabe. Ha pensado, incluso, en suicidarse. “Los cubanos” están muy preocupados con esa posibilidad.
Los opositores que aspiran a recuperar la libertad y la democracia para sus pueblos no pueden continuar dando el espectáculo de miseria política y desprecio al ciudadano que hoy está sosteniendo las dictaduras y la impunidad de los dictadores en Venezuela, Bolivia, Nicaragua.
No es verdad que faltan 5 para las 12 como rimara el venezolano Oswaldo Oropeza, pero sí que “el año va a terminar” con su país hundido en “el fango” a milímetros de la nariz. Se muere de hambre, por el Covid, la delincuencia o el gobierno. Reconozcamos, no obstante, la lucha para salir del “holocausto criollo”. La incógnita es por qué no se ha depuesto.
Con la renuncia de Evo Morales salió el dictador de Bolivia pero sigue la dictadura como sistema que ha liquidado todos los elementos esenciales de la democracia y suplantado la República. La dictadura que continua rigiendo Bolivia está fundada en una estructura jurídico-constitucional violatoria de los derechos humanos, una estructura criminal-territorial asentada en el narcotráfico, y un orden de impunidad.
Bolivia, según una carta de ciudadanos de todos los estratos sociales del país, encabezados por el ex presidente Jaime Paz Zamora y dirigida a António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, la labor que desempeña el señor Jean Arnaut, enviado especial del organismo internacional, tiende a favorecer al ex gobernante Evo Morales y a su partido el Movimiento al Socialismo, MAS, porque según explican, este funcionario presiona para que se celebren elecciones a la mayor brevedad, cuando la situación por la pandemia es muy complicada.
No debe sorprender los vínculos de esta organización con instituciones que en el pasado fueron los pilares de la democracia y la libertad como algunas oficinas de la Organización de las Naciones Unidas, alguna Prensa Libre de los Estados Unidos de Norte América o de otras regiones del mundo. No cabe duda que su capacidad de infiltración ha llegado al viejo continente a través de ONG´s comprometidas y financiadas por éstos o incluso a formar parte de Gobiernos.
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