AL PACINO EN EL CARIBE

El Caribe es para muchos tan idílico, particularmente, por sus playas, mar cálido y el color del cielo, privilegios que inducen a que lo consideren un paraíso. Pareciera, sin embargo, que durante la conquista, más que estas razones, fueron otras las que determinaron que españoles, ingleses, holandeses, franceses y portugueses enviaran sus barcos armados a apropiarse de tan placentera región, la cual en tiempos no tan lejanos ha sido, por cierto, objeto de una diversidad de negociaciones concernientes al gobierno, a la soberanía y a sus recursos. A nivel internacional, agregaríamos que las Naciones Unidas han calificado a América Latina como un continente comprometido. Pero con el grave señalamiento de que la producción y el comercio de la droga es la fuente, alimentada por las paupérrimas condiciones económicas, acompañado de la grave imputación de la concurrencia política.

La derrota al coronavirus impone un cambio de paradigmas en la relación social para recuperar la actividad

La pandemia del coronavirus COVID-19 ha paralizado el mundo forzando a los gobiernos someter a la población a confinamientos para controlar la emergencia. La paralización está llevando a cerca de 600 millones de habitantes del planeta a la pobreza. La pandemia del coronavirus ha modificado en algunos casos anulado los modelos de comportamiento social, ha fracturado la rutina de la gente, obliga a nuevas conductas como ‘la distancia social”. No existe manera de compensar ingresos ni de proporcionar medios de sobrevivencia con cuarentenas y confinamientos prolongados, lo que lleva a que mas pronto que tarde tales disposiciones no se cumplan, constituyan causas de rechazo y de conflictos, creando escenarios para activar desestabilización y atentados contra la liberad, los derechos humanos y la democracia. Así resulta urgente que el elemento político de la gestión de crisis, los líderes y gobiernos del mundo, activen lo mas pronto posible mecanismos para salir de las cuarentenas y los confinamientos. Impulsar el cambio de paradigmas de las relaciones sociales y activar la sociedad con medidas que eviten la propagación de la enfermedad pero que no estrangulen al ciudadano condenándolo a la miseria o al desacato.

El Idioma como instrumento político

Los regímenes totalitarios por su naturaleza excluyente y refundadora cuando acceden al poder disponen la ejecución de cambios estructurales en toda la sociedad,  siendo uno de sus objetivos principales el lenguaje, de ahí la creación de un vocabulario propio que transita por aplicar nuevo significado a ciertas palabras, la invención de vocablos  y el uso indiscriminado de términos despreciativos. Lo curioso es que el nuevo lenguaje gubernamental tiende a captar audiencia aun en sectores que rechazan el proyecto. Por ejemplo, Adolfo Hitler le decía a  sus opositores “cucarachas”, Fidel Castro, “gusanos” y  Hugo Chávez, “escuálidos”, palabras denigrantes con las cuales, paradójicamente, gustan identificarse algunos de sus enemigos, como para afirmar que se encuentran entre los que el régimen rechaza. Esta terminología oficial no es caprichosa ni aleatoria. Tiene el  objetivo clave de ridiculizar la oposición y desacreditar sus propuestas con palabras humillantes, El castrismo crea su realidad, palabras y expresiones para  confundir y manipular mejor a la masa a sus intereses.

A RAFAEL CORREA EL CRIMINAL CONDENADO

No podrás mirar a los ojos a tus hijos y explicarles que, en lugar de gobernar por el bien común, decidiste encabezar la más peligrosa banda criminal que registre la historia del Ecuador y saqueaste el país sin rubor alguno. No podrás mirar a tu madre a quien traicionaste, porque te llenaste de odio y perversidad para vengar el infortunio de tu infancia y juventud. No podrás recuperar los amigos que perdiste cuando el poder se te subió a la cabeza, envenenó tu alma y extravió tu camino. Hoy celebro tu condena. Especialmente por las víctimas que cosechaste en tu tórrido y funesto paso por el poder, entre ellos, a mi familia. Lo hago en nombre de mi madre, quien, al ver a su hijo apresado, terminó postrada en una silla de ruedas. Por mi padre que tuvo que vender su carro para costear la defensa. Por mi hermano, a quien dejaste en la calle por el delito de ser mi hermano y ordenaste al rufián de Carlos Baca que lo meta preso para saciar tu venganza conmigo. Yo, en cambio, no te odio. Apenas me das lástima por lo que hicieron de ti. La gente de bien, siempre teme al juicio inexorable de su conciencia y de Dios. Tu eres un pobre pelafustán, sin Dios ni ley, al quien le sienta bien la justicia terrena. Perseguiste y odiaste sin clemencia. Hoy la justicia abrió el camino para que el país pueda saldar cuentas contigo. En las sentencias que vendrán, en algo podrá la Patria resarcirse el enorme daño que provocaste. Y un día, finalmente, tú y tus secuaces, tendrán que devolver todo lo que se robaron. Te lo juro.

El mundo no fue y no será una porquería

Dice Henry Kissinger que “el mundo nunca será el mismo después del coronavirus”. Supone que la pandemia alterará para siempre el orden mundial. No lo creo. La verdad es que el mundo cambia constantemente. Todas las generaciones modifican la ropa, la música, las ideas, las cosas, pero la sustancia sigue ahí. ¿Quién recuerda la angustia de la pandemia de la mal llamada “Gripe española”? Mató entre 50 y 100 millones de personas entre 1917 y 1920. Cuando el virus del SIDA infectó a miles de personas en los años 80 y 90 del siglo pasado, parecía que llegaba el fin del mundo, pero la farmacología solucionó el problema y convirtió el terrible mal en una enfermedad crónica. Nos sucederá lo mismo. Pronto habrá pruebas para saber si uno tiene o tuvo el virus. Pronto habrá medicinas para combatir la pandemia y vacunas para prevenirla. ¿Cuándo? En los próximos días, semanas o meses. No se sabe con precisión. ¿Quedará algo positivo de esta pandemia?. En el terreno espiritual nos queda la experiencia. No es poca cosa saber que un microscópico enemigo puede poner a temblar a toda nuestra especie, pero consuela saber que la respuesta es global. Todos contra el virus y el virus contra todos. Complace ver en la misma trinchera a Israel, Eurasia y al Continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia. Hay que gritarlo: ¡Viva la globalización! ¡Muera el absurdo nacionalismo!

Las recientes medidas de EEUU contra Maduro son buenas, ¿pero bastarán para provocar la caída del régimen?

El 24 de marzo, en una excepcional medida tomada contra líderes extranjeros, el Departamento de Justicia acusó a Maduro y a trece miembros de su entorno, de narcotráfico y terrorismo, y requirió la captura de Maduro. También se ofreció una recompensa de US$15 millones a quien facilitara su arresto. Resulta difícil pronosticar –y más aún garantizar– que el régimen de Maduro caería como consecuencia de las medidas de EEUU. Ni la decisión del Departamento de Justicia ni las sanciones de EEUU son inmunes a la manipulación. La cruda realidad es que Maduro es un dictador bastante testarudo, como sus mentores de La Habana. En mi opinión, no creo probable que Maduro abandone el poder. Hasta ahora, los levantamientos populares, las sanciones estadounidenses e internacionales, el coronavirus y la criminalización del gobierno no han logrado provocar la caída del régimen. Por lo tanto, también es importante considerar otras opciones. Recientemente, Roger Noriega, ex subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, recomendó algo que yo había propuesto con anterioridad: un bloqueo naval para interceptar el contrabando de droga y oro. Tal vez agregaría que ese bloqueo naval y el establecimiento de una zona de exclusión aérea son importantes para evitar que barcos y aviones rusos y chinos proporcionen ayuda al régimen. Otra opción podría ser armar a la oposición. Todos esperamos que el nuevo plan de Trump dé resultado de forma pacífica. Sin embargo, también tenemos que pensar en qué pasa si ese plan no funciona. el gobierno de Trump debería de considerar seriamente cómo ayudar a la oposición a tumbar al corrupto y brutal régimen de Maduro, sin una intervención militar directa de Estados Unidos. Forzar la salida de Estados Unidos de Venezuela sólo fortalecerá la posición de Maduro, permitiendo que regímenes totalitarios como los de Cuba, Rusia y otros, se sigan afianzando.

Nuestras fallidas etiquetas políticas

Encuentro confuso e inconsistente el uso estadounidense de etiquetas políticas como izquierda-derecha o liberal-conservador. En el uso actual estadounidense, los términos “izquierdista” o “liberal” se utilizan para definir a quienes creen que el gobierno debe jugar un papel vasto, y abogan por el uso del poder coercitivo del gobierno para alcanzar una sociedad más igualitaria. Etiquetamos como “derechista” o “conservador”, a quienes argumentan que el papel del gobierno debe basarse en el pensamiento de los Padres Fundadores: un gobierno limitado, preocupado principalmente por proteger nuestras vidas, libertades y propiedades. En la mayor parte del mundo actual, el liberalismo sigue representando la supremacía del individuo y el conservadurismo la supremacía del Estado. El objetivo de las etiquetas políticas debería ser identificarnos de acuerdo con nuestras preferencias por más o menos gobierno. Las etiquetas políticas deberían ser una expresión abreviada y precisa de nuestra filosofía política. Entonces, ¿qué les parece “libertarios” para los amantes de la libertad y “serviles” para los amantes del gobierno?

El Club de Roma y los límites al crecimiento

Una de las interpretaciones posibles del drama derivado de la aparición del Coronavirus a escala global surge de la idea de que la maldita pandemia es una suerte de respuesta de la naturaleza ante la incapacidad de los hombres de limitar el daño ambiental. Corrían los primeros meses de 1968 cuando un grupo de científicos, industriales, académicos y diplomáticos convocados por el empresario italiano Aurelio Peccei y el científico escocés Alexander King se congregaron en la sede de la Accademia dei Lincei, en el fantásico palazzo del siglo XVI de Villa Farmesina, en la capital italiana, dando lugar al llamado «Club de Roma». Pero el Club de Roma recién adquiriría interés cuatro años más tarde cuando cuando se publicó el informe «Los límites al crecimiento». La publicación -no exenta de polémicas- indicaba que para el año 2052, la temperatura del planeta aumentaría en unos dos grados. A su vez, indicaba que entre el año 2008 y 2020 el mundo alcanzaría un nivel de producción de bienes y servicios máximo que se ubicaría al tope de las capacidades materiales derivadas de la disponibilidad de recursos naturales existentes. El Club de Roma advertía sobre diversas alteraciones globales que afectarían a la Humanidad en su conjunto y sus advertencias fueron calificadas como absurdas. En los últimos años, a escala global volvieron a reaparecer debates en torno, especialmente, al cambio climático. Algunos sostienen que los desafíos que el coronavirus parece estar imponiendo a la vida del hombre sobre la tierra podrían tener implicancias decisivas en nuestra existencia. Los creadores del Club de Roma pudieron ser profetas solitarios, cruzados rebeldes que intentaron imponerse en el camino inexorable de la Humanidad hacia un suicidio inconsciente o simples amateurs neomaltusianos recicladores de teorías perimidas. Son incognitas que surgen en estos tiempos aciagos, plagados de angustias y llenos de interrogantes.

La Política y el Coronavirus

La gestión de ayuda por el coronavirus puede ser otro Caballo de Troya del régimen chino para influenciar en otros países. NO olvidemos que es un imperio en expansión. Aquellos que niegan que la política tenga incidencia en el conjunto del quehacer humano, deberían analizar la profunda e inmensa repercusión de la pandemia del coronavirus y la particularidad que se originara en un país regido por una dictadura férrea donde la medicina está enmarcada en postulados ideológicos. Los regímenes comunistas son capaces de cualquier abuso contra la población por tal de obtener ventajas. Los poderes que se iluminan en ideas comunistas, el chino, el soviético y el castrista, han impuesto por décadas la cultura del campo de concentración y de la represión brutal contra quienes disienten. Ellos aplican un manto de silencio sobre las consecuencias de cualquier catástrofe, recordemos Chernóbil, o simplemente, culpan a terceros de sus fracasos. Para estos regímenes la educación es un instrumento de control, no obstante, la salud lo es mucho más. El doctor Ferrer, en un documental del cineasta Wenceslao Cruz, titulado «Mito y Realidad de la Medicina en Cuba», expresó: «en el servicio médico hay una amplia y profunda corrupción como consecuencia de las injusticias del sistema, los pacientes no cuentan con derechos ante una mala práctica. El llamado internacionalismo no tiene nada que ver con el humanismo, porque la dictadura a la vez que cumple un objetivo político, recibe miles de millones de dólares por la explotación que padecen los profesionales de la salud». Todo parece indicar que la República Popular China va a incursionar en el cometido castrista de exportar médicos. De hecho ambos países intercambian profesionales. La «potencia médica» cubana debe estar trasmitiéndoles a los asiáticos sus experiencias en el negocio de la medicina, así como les ha traspasado a los represores venezolanos sus modos en la gestión policíaca. La gestión de ayuda por el coronavirus puede ser otro Caballo de Troya del régimen chino para influenciar en otros países. NO olvidemos que es un imperio en expansión.

Acusar a los jueces infames de las dictaduras de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia

Se ha denunciado y probado por años que “las dictaduras del castrochavismo en las Américas usan la justicia como instrumento de persecución política para encarcelar, exiliar y asesinar la reputación de los opositores”. Poco conocidos y en general anónimos, los “jueces de las dictaduras” son elemento esencial para sostener al régimen dándole visos de legalidad, reprimiendo la oposición real y destrozando el sistema jurídico institucional del país. Son los “jueces infames” a quienes defino como “los encargados de administrar justicia que apartándose deliberadamente de sus obligaciones mínimas de probidad, imparcialidad y legalidad, subordinan sus actos y fallos a beneficio de los detentadores del poder, convirtiendo su actividad en vil prevaricato y corrupción, en crímenes que violan los derechos humanos y las libertades fundamentales”. El “juez infame” Maikel Moreno es el símbolo pero no es el único. Es urgente entender que para recuperar la democracia y terminar con las dictaduras, hay que poner en evidencia a sus “jueces infames” para que sean interna e internacionalmente procesados y sancionados. Por eso hay que saber quienes son los jueces infames, sus nombres y se verán rápidamente los beneficios que sus crímenes de lesa humanidad les brindan.