Los viejos cubanos han dado muestras sobradas de lo que significa su país para ellos. El respeto a las tradiciones y al idioma, trasmitiendo a sus descendientes experiencias, conocimientos, sabores y amores, además la convicción de que por grande que sea el reconocimiento y la deuda contraída con el país de acogida, sus herederos «no son de aquí, son de allá», Ellos fueron los que en cierta medida trasplantaron establecimientos y negocios de sus ciudades y pueblos a los lugares donde residen. Muchos arriesgaron su existencia, abandonaron estudios y profesiones, entregaron miles de horas de sus vidas a la causa, además, de poner en riesgo su tranquilidad. Estos ancianos organizan, participan y asisten a eventos porque tienen la convicción que mientras les sea posible es su deber honrar a su país. Los que injurian al exilio y los exiliados, deberían reflexionar sobre su conducta y no cuestionar el sacrificio de los demás. Estos hombres y mujeres tienen a Cuba en su corazón y en la memoria más fresca. Están convencidos que el eterno amor, Cuba, siempre les acompañara sin importar donde descansen sus cuerpos.